"¡Oh, qué grande es un sacerdote! El sacerdote no comprenderá la grandeza de su oficio hasta que esté en el cielo. Si él lo entendiera en la tierra, moriría, no por miedo, sino por amor".
- San Juan María Vianney
"¡Oh, qué grande es un sacerdote! El sacerdote no comprenderá la grandeza de su oficio hasta que esté en el cielo. Si él lo entendiera en la tierra, moriría, no por miedo, sino por amor".
- San Juan María Vianney
En la Sagrada Familia de Barcelona se encuentra esta curiosidad que permite que cualquier suma, ya sea horizontal, vertical o transversal, dé como resultado la edad que alcanzó N.S. Jesucristo: 33.
La fiesta de hoy nos recuerda el gran acontecimiento de la historia: la Encarnación del Señor en el seno purísimo de una Virgen. En este día el Verbo se hizo carne, y se unió para siempre a la humanidad de JESÚS. El misterio de la Encarnación merece a María Santísima su título más hermoso, el de «Madre de DIOS», en griego Teotokos nombre que la Iglesia oriental escribía siempre con letras de oro, a manera de preciosa diadema en la frente de sus imágenes pintadas y en sus estatuas. «Colocada en los confines de la Divinidad», pues suministró al Verbo de DIOS la carne a que hipostáticamente se unía, la Virgen fue honrada siempre con culto supereminente llamado de «hiperdulía»: el hijo del Padre y el hijo de la Virgen se convierten naturalmente en un solo y mismo Hijo, dice San Anselmo; y siendo desde entonces María Virgen la reina del humano linaje todos debemos de venerarla.
Ya que el título de Madre de DIOS hace a María Plenipotenciaria, pidámosle interceda ante Nuestro Redentor, para que por los méritos de Su Pasión y Su Cruz, lleguemos a la gloria de Su Resurrección. Que así sea.
MEDITACIÓN SOBRE LA ANUNCIACIÓN
I. Hoy, María Santísima es hecha Madre de DIOS; su humildad y su pureza le han valido este inefable honor. ¡Cuánta alegría me da, oh divina María, veros elevada a tan alto rango de gloria! Y puesto que sois Madre de JESUCRISTO N.S., también lo sois de los cristianos. ¡Ah, cuán consolador es este pensamiento! Sois todopoderosa para socorrerme, porque sois la Madre de DIOS; poseéis un corazón henchido de amor por mí, porque sois mi Madre. También yo, si quiero, mediante la fe y la caridad puedo poseer a JESÚSús en mi corazón. María Virgen ha engendrado a CRISTO según la carne, todos los cristianos pueden engendrarle en sus corazones por la fe (San Ambrosio).
II. Desde hoy, JESÚS es nuestro hermano; el amor que nos tiene lo hace semejante a nosotros, a fin de hacernos semejantes a Él. Viene a la tierra para que vayamos al Cielo. ¡Os adoro, Verbo encarnado en el seno virginal de María Castísima! ¡Quien me diera el poder de haceros una merced tan preciosa como Vos me hicisteis! Oh. Hermano y Redentor amabilísimo, os ofrezco todos mis afanes y mis obras , todo mi ser.
III. María Purísima es nuestra Madre, JESÚS nuestro Hermano: ¿somos dignos hijos de María Inmaculada, dignos hermanos de JESUCRISTO N.S.? María Santísima es totalmente pura, humilde y obediente: ¿posees tú esas virtudes? NS JESUCRISTO en todo busca la gloria de Su Padre y la salvación de las almas: ¿estás animado tú del mismo celo? ¿No tendría motivo JESÚS para quejarse y decir a su Madre amada: Los hijos de mi Madre han combatido contra mí? (Cantar de los Cantares).
ORACIÓN
Oh DIOS y Señor Nuestro, que habéis querido que Vuestro Verbo se encarnase en el seno de la bienaventurada Virgen María en el momento en el que al anunciarle el Ángel este misterio, Ella pronunció su «Fíat», conceded que nuestras plegarias, mientras honramos a la que firmemente creemos que verdaderamente es Madre de DIOS, obtengan el auxilio de su intercesión junto a Vos.
Por JESUCRISTO N.S., Amén.
EL ORDEN QUE AMA
Hay una música que no fue escrita, pero que resuena en cada estrella. Una melodía anterior al tiempo, más firme que las piedras y más sutil que el viento. Esa música es el orden divino.
Y lo primero que hay que decir, con la solemnidad de una campana al amanecer, es que este orden no es imposición, sino amor. No es la tiranía de una lógica fría, sino el derrame perfecto de una sabiduría que ama lo que crea y crea lo que ama. Dios no ordena porque quiere ser obedecido, sino porque todo lo que existe tiene un sitio, una forma y un fin. Porque cada cosa debe ser lo que es, y no otra cosa.
EL BIEN ES FUENTE, NO CONSECUENCIA
Por eso, el bien no nace del mandato. Es el mandato el que nace del bien. La ley no es un martillo, sino una cuerda afinada. Dios no decreta arbitrariamente lo que está bien: lo revela. Lo revela como se revela la ley de la gravedad al que cae, o la ley del fuego al que toca la llama. Solo que este fuego no destruye: purifica.
Dios, que es orden eterno, no manda por voluntad de poder, sino por perfección de ser. Y la ley —la verdadera ley, la que arde como un astro fijo en la bóveda del alma— es simplemente el resplandor de ese orden en la inteligencia del hombre. No es una regla que impide: es una forma que revela. No es una cadena que amarra: es un mapa que guía.
LA NATURALEZA ORDENADA DEL HOMBRE
Y es ahí donde se muestra el pecado por lo que es. No un acto de simple desobediencia, como si Dios se irritara por un incumplimiento administrativo. Sino algo más profundo y trágico: un acto de desorden voluntario, un rechazo del bien inteligible, una traición a la naturaleza misma del hombre. Porque el hombre fue hecho para algo. Tiene un fin. No es una hoja arrastrada por el azar, sino una criatura racional orientada al Bien, hecha a imagen de la Sabiduría.
Pecar, entonces, no es transgredir una instrucción, sino desviarse del fin. Es, como decía el Aquinate, aversio a Deo et conversio ad creaturam. Y no por casualidad, sino por una elección torcida del alma, que pudiendo seguir la luz, elige la sombra.
Dios no impone ese fin. Lo imprime. Como el escultor que no obliga a la piedra, sino que la libera. Como el músico que no domina las notas, sino que les da su lugar. Así es el orden divino: no es tiránico, sino generoso. No constriñe: define. No reduce: eleva.
LA LIBERTAD SEGÚN EL FIN
Nuestra época —tan orgullosa de su libertad y tan confusa sobre su sentido— ha invertido todo. Piensa que la ley es un límite impuesto desde fuera, y no la expresión de lo que somos por dentro. Cree que obedecer una norma es abdicar de la libertad, cuando en realidad es su condición. Pues solo es libre quien es libre para el bien, como solo es rápido el tren que sigue los rieles.
El pecado, en cambio, promete libertad pero da vértigo. Promete vuelo pero suelta las alas. Es, en el fondo, un acto contra el ser. Contra el propio ser. Es elegir no ser lo que fuimos llamados a ser. Es traicionar la arquitectura secreta del alma, que fue hecha para amar, para conocer, para adorar.
Por eso, toda ley verdadera no es un invento, sino una ventana. Nos muestra el mundo tal como fue pensado. Y toda moral verdadera no es una lista de deberes, sino un eco del Bien primero que da forma a todo lo que vive.
CONCLUSIÓN: PECAR ES PERDER LA MÚSICA
La norma no hace el bien. El bien hace la norma. Y no por lógica humana, sino por irradiación divina. La ley no es el principio: es la consecuencia. La raíz es el Amor, y la rama es el orden. Dios no manda cosas buenas: las cosas son buenas porque brotan de Él.
Y el que peca no rompe una regla. Rompe el lazo con su fin, la línea que lo unía con su plenitud. Se aleja de su forma verdadera, como un templo abandonado, como un canto que se desvía de su tono.
Lo más trágico del pecado no es que ofende a Dios como un súbdito ofende a un rey. Lo más trágico es que rechaza al Dios que quiso que fuéramos felices siendo lo que somos.
Y lo más glorioso de la ley divina no es que castiga, sino que indica el camino hacia la perfección.
OMO
Un detalle muy bello y reverente de la misa tradicional es la forma en la que el sacerdote toma el cáliz durante la consagración:
Mantiene unidos sus dedos índice y pulgar de ambas manos pues son los dedos con los que previamente tocó la Hostia consagrada, para evitar de ese modo la caída de partículas.
La debida reverencia a la presencia real de Cristo en la Eucaristía es un deber de todo católico y en la misa tridentina esto queda muy claro.
En la quietud de la casa donde el adobe susurra,
reposó el hombre de la madera y la palma,
con el rostro sereno, bajo la mirada infinita,
del Hijo que un día le dio vida.
Su alma se elevaba,
como fragante incienso,
y la paz en su ser era el eco de la eternidad.
Sus manos, gastadas por el peso del tiempo,
se entrelazaban en silenciosas oraciones,
como raíces que buscan la tierra profunda,
cercanas al sueño del amor eterno.
En ellas, el sudor de la verdad,
en sus dedos, el latir de un Dios hecho carne.
Los ojos, dos llamas suaves,
testigos de un amor sin fronteras,
en su pecho latía la paz que venía
del mismo aliento de la creación.
Y en su mirada, se posaba el eco
de todos los siglos por venir.
Él, el hombre justo, el guardián del Verbo,
bajo el techo de la humilde Nazaret.
A su lado, la Virgen,
la que cuidó con ternura cada paso,
en su mano, la dulzura de la vida,
y en su alma, la promesa cumplida.
El Hijo, el Salvador,
reposaba en su regazo,
mientras José, en su silencio,
sabía que el peso del mundo
había recaído en su hombro.
Recuerda, José, los caminos de antaño,
el viaje hacia Belén, la estrella guiando,
y la huida en la sombra,
donde los sueños fueron voces que salvaron.
La tienda de lona, la pobreza humilde,
el ángel susurrando en la noche callada.
Un hombre sencillo,
con el corazón lleno de fe,
pero con los ojos abiertos al misterio divino
que habitaba en su casa.
Y en el taller, el martillo resonaba,
y el chisporroteo del fuego
era el canto del sacrificio,
del sacrificio de vivir para otro,
de estar en la sombra,
al servicio de la luz.
El lecho se hace más pesado,
el aliento de José se va tornando lento,
y los ángeles, sin poder retener su emoción,
se asoman al umbral,
casi tocando su alma.
La Virgen mira a su esposo con ternura infinita,
el Cordero levanta la mirada,
y en ese instante,
la gloria que los cielos aguardaban
se hace tangible.
—“Padre mío”— dice el Hijo,
“tu justicia es mi camino,
tu fe ha sido la columna
que ha sustentado la tierra.”
Y José, con voz quebrada,
responde al Hijo de la Promesa:
—“Hijo mío, mi gloria es tu mirada,
mi vida ha sido testigo de tu luz.
No soy más que polvo,
pero en Ti hallé mi todo.
Has sido mi razón,
y mi ofrenda es tu voluntad.”
José mira, por última vez,
la luz que entra por la ventana,
el sol se alza con fuerza,
y una paz profunda cubre la habitación.
Los cielos se abren,
el resplandor del Espíritu Santo inunda el cuarto,
y un coro de ángeles canta en su honor.
José, el padre adoptivo,
el hombre que fue grande en su humildad,
se duerme en la paz del justo.
Y mientras su alma asciende hacia el Trono del Cordero,
la gloria lo envuelve como un manto resplandeciente,
y todos los cielos, en su magnificencia,
lo aclaman como el protector de la Sagrada Familia.
San José, ya glorificado,
se sienta a la derecha del Rey,
en un trono eterno, más grande que cualquier corona,
cuyo resplandor brilla más allá del sol
y cuyo nombre es pronunciado con reverencia
por todos los ángeles y santos del cielo.
OMO
Oh mi Santo protector, glorioso Patriarca San José, que estando en el lecho de vuestro dulce tránsito os visteis rodeado de ángeles y asistido de su Rey, Cristo Jesús, y de su Reina, la Santísima Virgen María, esposa vuestra, y que con esta amabilísima compañía salisteis en una paz celestial de esta miserable vida, alcanzadme la gracia de perseverar en el bien hasta que muera reclinado en vuestros brazos. Sí, santo mío, por aquella dulce compañía que Jesús y María os hicieron hasta la hora de vuestra muerte, protegedme en la mía hasta que me vea con Vos en el Cielo.
Amén.
¿Cómo se sabe que Jesucristo es Dios?
¿Cuáles son estas palabras de Cristo y de
“En el principio era
. “Yo y el Padre somos una sola cosa” (Jn. 10, 30)
. “Antes de que Abraham existiera, Yo Soy” (Jn. 8, 58)
. “¿No crees que estoy en el Padre y que el Padre está en Mí?” (Jn. 14, 9)
. “Ahora, Padre, dame junto a Tí la misma Gloria que tenía a tu lado antes que comenzara el mundo” (Jn. 17, 5)
. “Sabemos que el Hijo de Dios ha venido ... para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo: ahí tienen el Dios Verdadero “ (1 Jn. 5, 20)
. “En El permanece toda la plenitud de Dios en forma corporal” (Col. 2, 9)
. “Cristo ... como Dios, está por encima de todo” (Rom. 9, 5)
. “Dios envió a su Hijo, que nació de mujer” (Gal. 4, 4)
Estas cosas han sido dichas por Cristo y sobre Cristo en
1. Las profecías hechas acerca del Mesías prometido y cumplidas por el mismo Jesucristo. Aquí es curioso hace notar que hay personas importantes, cuya biografía se ha escrito después de fallecidas y algunas pocas, mientras están aún vivas. Pero a nadie, sino a Cristo, se le ha escrito su biografía siglos antes de venir a este mundo.
He aquí algunas de estas profecías hechas sobre Cristo y cumplidas por El: su nacimiento en Belén (Miq. 5, 1-2 = Mt. 2, 1; Lc. 2, 6), su nacimiento de una Virgen (Is. 7, 14 = Mt. 1, 18), los grandes milagros que realizaría (Is. 35, 5-6 = Lc. 7, 18, 23), el rechazo de su propia gente (Is. 53, 3 = Jn. 1, 11), la traición de uno de sus amigos y el precio pagado por El (Sal 41, 10 ; Zac. 11, 12-13 = Mt. 26, 14-15)), los eventos de su pasión y muerte (Is. 53, Is. 50, 6; Sal. 22, 17-19 = Jn. 19, 21-23; Mc. 15, 24; Mt. 27) .
2. Profecías hechas por Cristo: Jesús predijo que sería entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de
3. Los milagros de Jesús: Fueron muchísimos y muy diversos. Tal vez los más impresionantes hayan sido el de la multiplicación de los panes y los peces, cuando de cinco panes y dos peces alimentó a una multitud de aproximadamente quince mil personas (cinco mil hombres sin contar mujeres y niños); la revivificación de Lázaro y otros muertos, y su propia Resurrección.
Los milagros muestran, sin lugar a dudas, que sólo Dios, por ser infinito y todopoderoso, puede alterar las leyes que El mismo ha establecido. Y Cristo los realizó para mostrar su poder divino (cf. Jn. 14, 11). Su propia Resurrección es, indudablemente, la muestra mayor de su divinidad (cf. Rom. 1, 4).
Una cosa curiosa es que los enemigos de Jesús nunca negaron que hubiera hecho milagros, los cuales habían constatado con sus propios ojos. La crítica de parte de sus adversarios de que los realizaba en día prohibido (Jn. 9, 13-16) y de que, supuestamente, los hacía por el poder del Demonio (cf. Mt. 12, 24), sirve precisamente para confirmar los milagros realizados por Jesucristo.
4. Atributos Divinos: sólo Dios posee los atributos listados a continuación, los cuales vemos que Cristo tiene. Por lo tanto, Cristo es Dios:
. Es eterno (cf. Jn. 1, 1-2; 8, 58; 17, 5 - Col. 1. 17)
. Conoce todas las cosas (cf. Jn. 1, 48; 2, 25; 6, 64; 14, 10)
. Es todopoderoso (cf. Mt. 28, 18; Mc. 4, 39; Hb. 1, 3)
. Es inmutable (no cambia) (cf. Hb. 13, 8)
.
Autor: Tomás de Kempis La Imitación de Cristo | |||
Este libro nos va guiando a traves de pensamientos y meditaciones concretas pero muy profundas sobre los distintos aspectos que nos llevan a una verdadera imitación de Cristo. | |||
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Belloc, Hilaire: Las grandes Herejías
Prescrito por San Pío X el 15 de julio de 1905 Edición de 1973 HAGA CLICK : DE LA DOCTRINA CRISTIANA Y DE SUS PARTES PRINCIPALES INSTRUCCIÓN SOBRE LAS FIESTAS DEL SEÑOR, DE LA SANTÍSIMA VIRGEN Y DE LOS SANTOS |
1) El Magisterio de la Iglesia (Denzinger) | ||
y
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