jueves, 19 de marzo de 2026
19 DE MARZO: SEÑOR SAN JOSÉ
Si el que está triste le pide consuelo, lo obtiene; si el atribulado le pide alivio, le alcanza; si el que está en peligro acude a él, le libra; si el enfermo le suplica la salud, se la otorga (sí conviene a su alma); si el justo le ruega le conceda la perseverancia en el bien y si el pecador le suplica, alcanza de él también la verdadera penitencia. En suma, San José favorece a todos sin distinción de edad, estado, ni condición, porque él es el protector de los niños, el abogado de los casados, el modelo de los sacerdotes, el amparo de las vírgenes y el consuelo de los enfermos y el patrono de la buena muerte.
miércoles, 18 de marzo de 2026
QUE LA TRISTEZA NO DETERMINE TU OBRAR
"Esfuérzate en contrariar vivamente las inclinaciones de la tristeza, y aunque te parezca que en este estado todo lo haces con frialdad, pena y cansancio, no dejes, empero, de hacerlo; porque el enemigo, que pretende hacernos aflojar en nuestras buenas obras mediante la tristeza, al ver que a pesar de ella no dejamos de hacerlas, y que haciéndolas con resistencia tienen más valor, cesa entonces de afligirnos".
San Francisco de Sales
martes, 17 de marzo de 2026
SOBRE LA DEVOCIÓN A SAN JOSÉ, CARTA ENCÍCLICA QUAMQUAM PLURIES DEL SUMO PONTÍFICE LEÓN XIII
A nuestros Venerables Hermanos los Patriarcas, Primados, Arzobispos y otros Ordinarios, en paz y unión con la Sede Apostólica.
1. Aunque muchas veces antes Nos hemos dispuesto que se ofrezcan oraciones especiales en el mundo entero, para que las intenciones del Catolicismo puedan ser insistentemente encomendadas a Dios, nadie considerará como motivo de sorpresa que Nos consideremos el momento presente como oportuno para inculcar nuevamente el mismo deber. Durante periodos de tensión y de prueba —sobre todo cuando parece en los hechos que toda ausencia de ley es permitida a los poderes de la oscuridad— ha sido costumbre en la Iglesia suplicar con especial fervor y perseverancia a Dios, su autor y protector, recurriendo a la intercesión de los santos —y sobre todo de la Santísima Virgen María, Madre de Dios— cuya tutela ha sido siempre muy eficaz. El fruto de esas piadosas oraciones y de la confianza puesta en la bondad divina, ha sido siempre, tarde o temprano, hecha patente. Ahora, Venerables Hermanos, ustedes conocen los tiempos en los que vivimos; son poco menos deplorables para la religión cristiana que los peores días, que en el pasado estuvieron llenos de miseria para la Iglesia. Vemos la fe, raíz de todas las virtudes cristianas, disminuir en muchas almas; vemos la caridad enfriarse; la joven generación diariamente con costumbres y puntos de vista más depravados; la Iglesia de Jesucristo atacada por todo flanco abiertamente o con astucia; una implacable guerra contra el Soberano Pontífice; y los fundamentos mismos de la religión socavados con una osadía que crece diariamente en intensidad. Estas cosas son, en efecto, tan notorias que no hace falta que nos extendamos acerca de las profundidades en las que se ha hundido la sociedad contemporánea, o acerca de los proyectos que hoy agitan las mentes de los hombres. Ante circunstancias tan infaustas y problemáticas, los remedios humanos son insuficientes, y se hace necesario, como único recurso, suplicar la asistencia del poder divino.
2. Este es el motivo por el que Nos hemos considerado necesario dirigirnos al pueblo cristiano y exhortarlo a implorar, con mayor celo y constancia, el auxilio de Dios Todopoderoso. Estando próximos al mes de octubre, que hemos consagrado a la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, Nos exhortamos encarecidamente a los fieles a que participen de las actividades de este mes, si es posible, con aún mayor piedad y constancia que hasta ahora. Sabemos que tenemos una ayuda segura en la maternal bondad de la Virgen, y estamos seguros de que jamás pondremos en vano nuestra confianza en ella. Si, en innumerables ocasiones, ella ha mostrado su poder en auxilio del mundo cristiano, ¿por qué habríamos de dudar de que ahora renueve la asistencia de su poder y favor, si en todas partes se le ofrecen humildes y constantes plegarias? No, por el contrario creemos en que su intervención será de lo más extraordinaria, al habernos permitido elevarle nuestras plegarias, por tan largo tiempo, con súplicas tan especiales. Pero Nos tenemos en mente otro objeto, en el cual, de acuerdo con lo acostumbrado en ustedes, Venerables Hermanos, avanzarán con fervor. Para que Dios sea más favorable a nuestras oraciones, y para que Él venga con misericordia y prontitud en auxilio de Su Iglesia, Nos juzgamos de profunda utilidad para el pueblo cristiano, invocar continuamente con gran piedad y confianza, junto con la Virgen-Madre de Dios, su casta Esposa, a San José; y tenemos plena seguridad de que esto será del mayor agrado de la Virgen misma. Con respecto a esta devoción, de la cual Nos hablamos públicamente por primera vez el día de hoy, sabemos sin duda que no sólo el pueblo se inclina a ella, sino que de hecho ya se encuentra establecida, y que avanza hacia su pleno desarrollo. Hemos visto la devoción a San José, que en el pasado han desarrollado y gradualmente incrementado los Romanos Pontífices, crecer a mayores proporciones en nuestro tiempo, particularmente después que Pío IX, de feliz memoria, nuestro predecesor, proclamase, dando su consentimiento a la solicitud de un gran número de obispos, a este santo patriarca como el Patrono de la Iglesia Católica. Y puesto que, más aún, es de gran importancia que la devoción a San José se introduzca en las prácticas diarias de piedad de los católicos, Nos deseamos exhortar a ello al pueblo cristiano por medio de nuestras palabras y nuestra autoridad.
3. Las razones por las que el bienaventurado José debe ser considerado especial patrono de la Iglesia, y por las que a su vez, la Iglesia espera muchísimo de su tutela y patrocinio, nacen principalmente del hecho de que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús. De estas fuentes ha manado su dignidad, su santidad, su gloria. Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; mas, porque entre la santísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro. Ya que el matrimonio es el máximo consorcio y amistad —al que de por sí va unida la comunión de bienes— se sigue que, si Dios ha dado a José como esposo a la Virgen, se lo ha dado no sólo como compañero de vida, testigo de la virginidad y tutor de la honestidad, sino también para que participase, por medio del pacto conyugal, en la excelsa grandeza de ella. El se impone entre todos por su augusta dignidad, dado que por disposición divina fue custodio y, en la creencia de los hombres, padre del Hijo de Dios. De donde se seguía que el Verbo de Dios se sometiera a José, le obedeciera y le diera aquel honor y aquella reverencia que los hijos deben a sus propio padres. De esta doble dignidad se siguió la obligación que la naturaleza pone en la cabeza de las familias, de modo que José, en su momento, fue el custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia. Y durante el curso entero de su vida él cumplió plenamente con esos cargos y esas responsabilidades. El se dedicó con gran amor y diaria solicitud a proteger a su esposa y al Divino Niño; regularmente por medio de su trabajo consiguió lo que era necesario para la alimentación y el vestido de ambos; cuidó al Niño de la muerte cuando era amenazado por los celos de un monarca, y le encontró un refugio; en las miserias del viaje y en la amargura del exilio fue siempre la compañía, la ayuda y el apoyo de la Virgen y de Jesús. Ahora bien, el divino hogar que José dirigía con la autoridad de un padre, contenía dentro de sí a la apenas naciente Iglesia. Por el mismo hecho de que la Santísima Virgen es la Madre de Jesucristo, ella es la Madre de todos los cristianos a quienes dio a luz en el Monte Calvario en medio de los supremos dolores de la Redención; Jesucristo es, de alguna manera, el primogénito de los cristianos, quienes por la adopción y la Redención son sus hermanos. Y por estas razones el Santo Patriarca contempla a la multitud de cristianos que conformamos la Iglesia como confiados especialmente a su cuidado, a esta ilimitada familia, extendida por toda la tierra, sobre la cual, puesto que es el esposo de María y el padre de Jesucristo, conserva cierta paternal autoridad. Es, por tanto, conveniente y sumamente digno del bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo momento a la familia de Nazaret, así proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio a la Iglesia de Cristo.
4. Ustedes comprenden bien, Venerables Hermanos, que estas consideraciones se encuentran confirmadas por la opinión sostenida por un gran número de los Padres, y que la sagrada liturgia reafirma, que el José de los tiempos antiguos, hijo del patriarca Jacob, era tipo de San José, y el primero por su gloria prefiguró la grandeza del futuro custodio de la Sagrada Familia. Y ciertamente, más allá del hecho de haber recibido el mismo nombre —un punto cuya relevancia no ha sido jamás negada— , ustedes conocen bien las semejanzas que existen entre ellos; principalmente, que el primer José se ganó el favor y la especial benevolencia de su maestro, y que gracias a la administración de José su familia alcanzó la prosperidad y la riqueza; que —todavía más importante— presidió sobre el reino con gran poder, y, en un momento en que las cosechas fracasaron, proveyó por todas las necesidades de los egipcios con tanta sabiduría que el Rey decretó para él el título de "Salvador del mundo". Por esto es que Nos podemos prefigurar al nuevo en el antiguo patriarca. Y así como el primero fue causa de la prosperidad de los intereses domésticos de su amo y a la vez brindó grandes servicios al reino entero, así también el segundo, destinado a ser el custodio de la religión cristiana, debe ser tenido como el protector y el defensor de la Iglesia, que es verdaderamente la casa del Señor y el reino de Dios en la tierra. Estas son las razones por las que hombres de todo tipo y nación han de acercarse a la confianza y tutela del bienaventurado José. Los padres de familia encuentran en José la mejor personificación de la paternal solicitud y vigilancia; los esposos, un perfecto de amor, de paz, de fidelidad conyugal; las vírgenes a la vez encuentran en él el modelo y protector de la integridad virginal. Los nobles de nacimiento aprenderán de José como custodiar su dignidad incluso en las desgracias; los ricos entenderán, por sus lecciones, cuáles son los bienes que han de ser deseados y obtenidos con el precio de su trabajo. En cuanto a los trabajadores, artesanos y personas de menor grado, su recurso a San José es un derecho especial, y su ejemplo está para su particular imitación. Pues José, de sangre real, unido en matrimonio a la más grande y santa de las mujeres, considerado el padre del Hijo de Dios, pasó su vida trabajando, y ganó con la fatiga del artesano el necesario sostén para su familia. Es, entonces, cierto que la condición de los más humildes no tiene en sí nada de vergonzoso, y el trabajo del obrero no sólo no es deshonroso, sino que, si lleva unida a sí la virtud, puede ser singularmente ennoblecido. José, contento con sus pocas posesiones, pasó las pruebas que acompañan a una fortuna tan escasa, con magnanimidad, imitando a su Hijo, quien habiendo tomado la forma de siervo, siendo el Señor de la vida, se sometió a sí mismo por su propia libre voluntad al despojo y la pérdida de todo.
5. Por medio de estas consideraciones, los pobres y aquellos que viven con el trabajo de sus manos han de ser de buen corazón y aprender a ser justos. Si ganan el derecho de dejar la pobreza y adquirir un mejor nivel por medios legítimos, que la razón y la justicia los sostengan para cambiar el orden establecido, en primer instancia, para ellos por la Providencia de Dios. Pero el recurso a la fuerza y a las querellas por caminos de sedición para obtener tales fines son locuras que sólo agravan el mal que intentan suprimir. Que los pobres, entonces, si han de ser sabios, no confíen en las promesas de los hombres sediciosos, sino más bien en el ejemplo y patrocinio del bienaventurado José, y en la maternal caridad de la Iglesia, que cada día tiene mayor compasión de ellos.
6. Es por esto que —confiando mucho en su celo y autoridad episcopal, Venerables hermanos, y sin dudar que los fieles buenos y piadosos irán más allá de la mera letra de la ley— disponemos que durante todo el mes de octubre, durante el rezo del Rosario, sobre el cual ya hemos legislado, se añada una oración a San José, cuya fórmula será enviada junto con la presente, y que esta costumbre sea repetida todos los años. A quienes reciten esta oración, les concedemos cada vez una indulgencia de siete años y siete cuaresmas. Es una práctica saludable y verdaderamente laudable, ya establecida en algunos países, consagrar el mes de marzo al honor del santo Patriarca por medio de diarios ejercicios de piedad. Donde esta costumbre no sea fácil de establecer, es al menos deseable, que antes del día de fiesta, en la iglesia principal de cada parroquia, se celebre un triduo de oración. En aquellas tierras donde el 19 de marzo —fiesta de San José— no es una festividad obligatoria, Nos exhortamos a los fieles a santificarla en cuanto sea posible por medio de prácticas privadas de piedad, en honor de su celestial patrono, como si fuera un día de obligación.
7. Como prenda de celestiales favores, y en testimonio de nuestra buena voluntad, impartimos muy afectuosamente en el Señor, a ustedes, Venerables Hermanos, a su clero y a su pueblo, la bendición apostólica.
Dado en el Vaticano, el 15 de agosto de 1889, undécimo año de nuestro pontificado.
LEÓN PP. XIII
Oración a San José
A ti, bienaventurado san José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu santísima esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.
Con aquella caridad que te tuvo unido con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.
Protege, oh providentísimo Custodio de la divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aleja de nosotros, oh padre amantísimo, este flagelo de errores y vicios. Asístenos propicio desde el cielo, en esta lucha contra el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del Niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad. Y a cada uno de nosotros protégenos con tu constante patrocinio, para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos vivir y morir santamente y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén
lunes, 16 de marzo de 2026
¿QUÉ ESTÁS DISPUESTO A HACER PARA ALCANZAR LA SALVACIÓN?
“Si el profeta te hubiera
mandado algo difícil,
lo habrías hecho;
cuánto más ahora
que te dice: lávate y
quedarás limpio.”
¡A cuántas personas se podrá hacer esta reconvención en la hora de la muerte! ¡Y a cuántas puede hacérseles ya durante la vida!
Si Dios hubiera exigido para salvarnos retirarnos a los desiertos, practicar las penitencias más austeras o vivir en ayuno continuo; si hubiera sido necesario sufrir los mayores tormentos para evitar el infierno, o si solo los mártires y los más severos penitentes pudieran entrar en el cielo, ¿habría sido razonable dudar en la elección?
Entre los fuegos eternos o unos pocos años de penitencia, entre los sufrimientos pasajeros o la felicidad eterna, ¿qué persona sensata habría vacilado?
“Cuánto más ahora que te dice: lávate y quedarás limpio.”
¡Cuánto más debemos obedecer cuando Dios no nos pide sino que lo amemos de todo corazón, que lo sirvamos y que vivamos según su voluntad!
¿Qué nos pide el Señor que no sea suave y razonable? Nos pide que lo amemos: ¿acaso no merece nuestro amor? ¿Hay dificultad en amar a un Dios infinitamente amable que nos ama primero?
Nos pide que guardemos sus mandamientos: ¿hay alguno que no sea para nuestro bien? ¿Ha habido jamás yugo más suave ni carga más ligera que la de Jesucristo? Él mismo lo ha asegurado.
Comparemos lo que Dios pide a sus siervos con lo que el mundo exige de los suyos. Pensemos en lo que se sufre por una carrera, por una fortuna, por un empleo, por agradar a los hombres o por conseguir reputación.
¡Cuántos trabajos!
¡Cuántas preocupaciones!
¡Cuántas fatigas y desvelos!
Se consume la salud, se acortan los días y muchas veces sin provecho alguno.
Si la salvación exigiera tantos esfuerzos como los que se hacen por las cosas del mundo, ¿no se diría que su precio sería justo según la opinión de los mismos mundanos?
Y sin embargo, una Cuaresma parece demasiado larga; algunos días de ayuno parecen demasiado duros; la menor mortificación por Dios parece impracticable.
Estamos cubiertos de pecados; nuestra alma está herida por la culpa. Y se nos dice: “Lávate y quedarás limpio.” Jesucristo nos ofrece el baño saludable de su Sangre en el sacramento de la Penitencia, por el cual podemos recobrar la inocencia; y sin embargo rehusamos emplear este remedio.
¡Qué reproche tan justo se podrá hacer también a muchas personas piadosas que, habiéndolo dejado todo por Dios, viven sin fervor ni constancia, en una vida tibia y peligrosa, por descuidar pequeñas fidelidades!
A quienes han abrazado un estado más perfecto no se les pide sino un poco más de recogimiento, un poco más de puntualidad y fidelidad en lo pequeño, para gozar de la paz interior y asegurar una muerte santa.
Pero muchos prefieren arrastrarse toda la vida en la tristeza de una vida imperfecta antes que observar lo que llaman cosas pequeñas.
“Si te hubiera mandado algo difícil, lo habrías hecho; cuánto más ahora que solo te dice: lávate y quedarás limpio.”
P. JEAN CROISSET SJ: REFLEXIONES DE CUARESMA
LUNES DEL TERCER DOMINGO DE CUARESMA
(2 Reyes 5, 1-15).
sábado, 14 de marzo de 2026
viernes, 13 de marzo de 2026
UN VIEJO TRUCO DEL ENEMIGO REVELADO
Uno de los males más silenciosos de nuestro tiempo es la pérdida de esperanza.
Muchos no niegan a Dios, pero piensan:
“Nada va a cambiar.”
“Ya es tarde para mí.”
“No vale la pena intentarlo.”
Pero esa voz no viene de Dios.
La Iglesia siempre ha enseñado que la desesperación es una tentación contra la virtud de la esperanza.
El enemigo del alma intenta convencer al hombre de que su historia está perdida.
Sin embargo, la verdad es otra:
Mientras el alma vive, Dios puede obrar en ella. Por eso siempre debe haber Esperanza.
La misma mentira de siempre:
Antes del pecado el demonio sugiere:
“No pasa nada.”
“No es grave.”
“Hazlo.”
Después del pecado susurra:
“Ya caíste.”
“Dios no te perdonará.”
“Es inútil levantarte.”
Pero la misericordia de Dios es más grande que cualquier pecado.
Lo que realmente pierde al alma es dejar de levantarse de sus pecados mortales y rendirse.
Cuando llega el desaliento
La vida moderna llena la mente de ruido: preocupaciones, comparaciones, miedo al futuro.
El alma se cansa. Y cuando el alma se cansa, aparece la desesperanza.
Pero el cristiano recuerda una verdad fundamental:
Si Dios permite una prueba grande, también concederá una gracia más abundante para superarla.
El camino de regreso
Cambian los tiempos, pero los remedios siguen siendo los mismos:
~Oración diaria
~Confesión frecuente
~Menos ruido y distracción
~Caridad con el prójimo
~Confianza en la Providencia
Verdades que sostienen al católico:
Nuestro Señor Jesucristo venció al pecado.
Nuestro Señor Jesucristo venció al demonio.
Nuestro Señor Jesucristo venció la muerte.
Por eso ninguna persona mientras tenga vida está realmente derrotada.
Incluso el pecador más gravemente caído puede y debe levantarse.
¿Qué hacer si me cuesta levantarme?
Empieza con algo pequeño.
A veces basta:
• Una oración sincera pidiendo volver a la gracia.
• Una confesión bien hecha (necesaria para recuperar la gracia).
• Un acto de Caridad.
Da un pequeño paso.
Y Dios hará el resto.
Aleja la desesperación, porque viene de la mentira.
Deja entrar la virtud de la Esperanza, para que more siempre en tu alma.
Y si te sientes agobiado y no sabes a dónde acudir, acude al refugio seguro, la Santísima Virgen María y dile:
“Madre de la Esperanza,
Refugio de los pecadores,
Consuelo de los afligidos,
Ruega por nosotros.”
jueves, 12 de marzo de 2026
ODA A LA MUJER FUERTE
ODA A LA MUJER FUERTE
Bendita seas, mujer de virtud,
tesoro más precioso que las perlas del mar;
tu valor no se mide en riquezas pasajeras,
porque tu alma está anclada en Dios.
Tu corazón es fiel como roca firme,
y quien confía en ti no será defraudado;
porque en tus manos hay trabajo honrado,
y en tus palabras, prudencia y verdad.
Te levantas cuando aún reina la noche,
y ya piensa tu amor en el bien de los tuyos;
como lámpara que nunca se apaga
tu cuidado ilumina el hogar.
Tus manos conocen el trabajo,
pero tu espíritu permanece sereno;
porque cada esfuerzo ofrecido a Dios
se vuelve oración silenciosa.
Tu modestia es más bella que el oro,
tu pureza más clara que el alba;
no buscas adornos del orgullo,
pues tu gloria es agradar al Señor.
Amas a la Santísima Virgen
como hija que aprende de su Madre;
y en su ejemplo hallas la dulzura
de la obediencia y de la fe.
Cuando hablas, tu voz trae sabiduría;
cuando corriges, lo haces con caridad;
porque en tu corazón habita la ley
de la bondad y la misericordia.
Engañosa es la gracia del mundo
y vana la belleza que pasa;
mas la mujer que teme al Señor
esa será alabada para siempre.
miércoles, 11 de marzo de 2026
LOS SANTOS NOS HABLAN DE LA CRUZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
“Cristo reinó desde el madero; la cruz es su trono, y desde allí sometió al mundo entero, no por la fuerza de las armas, sino por la fuerza del amor.”
(San Agustín de Hipona)
“La sangre de Cristo derramada en la cruz es el precio de nuestra redención; por ella fuimos comprados, por ella fuimos rescatados del poder del demonio.”
(San León Magno)
“La cruz del Señor es la esperanza de los cristianos, la resurrección de los muertos, el camino de los que estaban perdidos, el bastón de los cojos y el consuelo de los pobres.”
(San Juan Crisóstomo)
“Contempla al Señor crucificado y aprende cuánto te ha amado: sus manos clavadas, sus pies atravesados, su costado abierto y su sangre derramada por la salvación del mundo.”
(San Agustín de Hipona)
“Por el árbol del paraíso entró la muerte en el mundo; por el árbol de la cruz ha sido restaurada la vida.”
(San Ireneo de Lyon)
“Cristo extendió sus manos en la cruz para abrazar a toda la humanidad y reunir en uno a los hijos de Dios dispersos.”
(San Atanasio de Alejandría)
“No te avergüences de la cruz; por ella fueron abiertos los cielos, fue destruida la muerte y fue vencido el diablo.”
(San Cirilo de Jerusalén)
“En la cruz el Señor ofreció el sacrificio verdadero, y su sangre derramada purificó al mundo entero.”
(San Cirilo de Alejandría)
“La sangre de Cristo habla mejor que la de Abel; aquella clamaba venganza, esta implora misericordia para los pecadores.”
(San Juan Crisóstomo)
“En la cruz el Señor inclinó su cabeza para besarnos y abrió su costado para acogernos en su corazón.”
(San Agustín de Hipona)
“La cruz que fue instrumento de suplicio se convirtió en el trofeo de Cristo y en el signo de la victoria sobre el infierno.”
(San León Magno)
“Cristo fue elevado en la cruz para levantar al mundo que había caído por el pecado.”
(San Gregorio Nacianceno)
“En la cruz vemos al Cordero inmolado por nuestros pecados y su sangre derramada para nuestra salvación.”
(San Efrén de Siria)
“El Señor fue clavado en la cruz, pero con esos clavos fijó al enemigo y destruyó el poder del pecado.”
(San Juan Crisóstomo)
“La sangre de Cristo es medicina para las almas, rescate para los cautivos y perdón para los pecadores.”
(San Ambrosio de Milán)
“La cruz del Señor es el altar sobre el cual fue ofrecido el sacrificio que reconcilió al mundo con Dios.”
(San León Magno)
“Cristo fue despojado en la cruz para revestirnos con la gracia divina.”
(San Gregorio de Nisa)
“Los brazos abiertos del Crucificado muestran que Él quiso morir abrazando al mundo.”
(San Atanasio de Alejandría)
“Por la cruz fue destruida la maldición y por la sangre de Cristo nos vino la bendición.”
(San Juan Crisóstomo)
“El costado abierto de Cristo derramó sangre y agua, fuente de los sacramentos y vida de la Iglesia.”
(San Agustín de Hipona)
“La cruz es el árbol de la vida plantado en medio del mundo.”
(San Efrén de Siria)
“Cristo venció al enemigo no con poder humano, sino con la humildad de la cruz.”
(San León Magno)
“El Señor aceptó la muerte para destruir la muerte, y derramó su sangre para dar vida al mundo.”
(San Atanasio de Alejandría)
“En la cruz fue escrito el perdón del mundo con la sangre del Redentor.”
(San Ambrosio de Milán)
“La cruz de Cristo es la puerta del paraíso que estaba cerrada desde Adán.”
(San Cirilo de Jerusalén)
“El Señor fue levantado en la cruz como un médico que se ofrece a sí mismo como remedio para los enfermos.”
(San Gregorio Nacianceno)
“La sangre del Señor derramada en el Calvario purifica la tierra y santifica al mundo.”
(San Juan Crisóstomo)
“En la cruz el Señor pagó nuestra deuda con su propia sangre.”
(San Agustín de Hipona)
“Cristo cargó con nuestros pecados sobre el madero para devolvernos la vida.”
(San Ireneo de Lyon)
“La cruz es el estandarte del Rey crucificado y el terror de los demonios.”
(San Efrén de Siria)
“La pasión de Cristo es el precio de la libertad del mundo.”
(San León Magno)
“La sangre de Cristo es bebida de inmortalidad para los fieles.”
(San Juan Crisóstomo)
“La cruz es el trono del amor divino desde el cual Cristo gobierna los corazones.”
(San Agustín de Hipona)
“La muerte de Cristo destruyó la muerte y su sangre abrió el camino al cielo.”
(San Atanasio de Alejandría)
“La cruz es la gloria de Cristo y la salvación del mundo.”
(San Cirilo de Alejandría)
martes, 10 de marzo de 2026
EL PECADO QUE FINANCIA LA TRATA DE PERSONAS... CON UN SIMPLE CLIC
Durante décadas el mundo moderno ha querido presentar la pornografía como un simple entretenimiento privado. Nada más lejos de la realidad. Detrás de esa pantalla aparentemente inofensiva se esconde una de las industrias más oscuras y lucrativas de nuestro tiempo: la explotación sistemática de la persona humana.
La doctrina moral católica siempre enseñó que los pecados contra la pureza no son un asunto menor ni meramente íntimo. Degradan al hombre, destruyen familias y corrompen la sociedad. Pero hoy, además, sabemos algo más: el consumo de pornografía alimenta directamente redes de explotación y trata de personas.
La industria pornográfica mueve miles de millones. Ese dinero no nace del aire. Proviene de la demanda constante de consumidores. Y cuando hay demanda, siempre habrá quien “provea” el material… aunque para ello se utilice la coacción, el engaño o la miseria de mujeres y jóvenes atrapados en redes de explotación.
Investigaciones civiles han mostrado repetidamente que la frontera entre pornografía y trata de personas es muchas veces inexistente. Víctimas de tráfico humano terminan siendo explotadas en la producción de material pornográfico. En otros casos, menores son manipulados, presionados o directamente forzados a participar.
Por eso conviene recordar una vieja verdad moral que el sentido común del pueblo cristiano expresó con sencillez: “tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”*.
EL CONSUMIDOR NO ES UN ESPECTADOR INOCENTE
Cada clic sostiene la industria. Cada visita genera ganancias. Cada reproducción mantiene funcionando una maquinaria que degrada la dignidad humana y convierte el cuerpo en mercancía. Quien consume pornografía, aun desde la aparente soledad de su habitación, termina cooperando con un sistema que esclaviza a otros.
Aquí también pesa una responsabilidad grave sobre los padres. Permitir que niños y adolescentes naveguen sin vigilancia en internet es exponer su inocencia a un mundo que vive de corromperla. Educar, vigilar y formar la conciencia de los hijos es un deber grave de justicia y caridad.
La pureza cristiana —tan despreciada por la cultura moderna— aparece así bajo su verdadera luz: no es represión, sino defensa de la dignidad humana. Rechazar la pornografía no sólo salva el alma del que la evita: también debilita una industria que se alimenta de la degradación del prójimo.
Porque cuando el cuerpo humano se convierte en mercancía, siempre hay alguien pagando el precio con su libertad. Y demasiadas veces, destrozando una sana infancia.
Vale la pena recordar la advertencia de Nuestro Señor Jesucristo que resuena con fuerza:
“Pero al que escandalizare a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno y que lo hundiesen en lo profundo del mar.”
(San Mateo 18, 6).
*Nota Catolicidad: Si bien existen diferentes grados de responsabilidad, no por ello puede negarse que la pornografía y la trata existen porque hay una clara demanda y una estrecha relación entre ambas; por lo tanto, también hay responsabilidad muy importante por parte del consumidor.
lunes, 9 de marzo de 2026
EL ARZ. GÄNSWEIN URGE AL PAPA A NO RESTRINGIR LA MISA TRADICIONAL
El Arz. Gänswein urge al Papa a no restringir las Misas en Latín y restaurar Summorum Pontificum.
By
Edwin Botero Correa. .
El arzobispo Georg Gänswein, nuncio papal en Lituania, Estonia y Letonia, ha hecho un llamado público al Papa León XIV para que ponga fin a las restricciones impuestas sobre la Misa Tradicional en Latín y restaure las normas establecidas por el motu proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI, añadiendo que esta medida traería unidad a la Iglesia.
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Durante una entrevista transmitida el 7 de diciembre por la cadena de televisión católica alemana Katholisches Fernsehen (K-TV), Gänswein, quien fuera secretario personal del Papa Benedicto XVI, cuestionó la validez de las restricciones actuales sobre la Misa Tridentina. «Es precisamente la (Misa Tradicional en Latín) la que ha permitido a la Iglesia no solo vivir sino vivir bien durante siglos, y lo sagrado se nutrió de ella y por ella», declaró el prelado. «No puede ser que fuera válida y valiosa ayer y luego ya no sea válida mañana. Así que esta es una situación antinatural».
El arzobispo alemán expresó su perplejidad ante la promulgación de Traditionis Custodes por parte de Francisco en 2021, especialmente considerando que la mayoría de los obispos estaban satisfechos con el motu proprio de su predecesor. Gänswein hizo referencia aparente a un informe de la periodista vaticana Diane Montagna sobre los resultados generales de una encuesta realizada en 2020 por la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe, que supuestamente motivó la promulgación de las restricciones por parte de Francisco.
«Los resultados nunca fueron publicados oficialmente, pero, por supuesto, la gente los conoce, y el resultado finalmente fue que se logró la satisfacción», explicó el nuncio. «Summorum Pontificum fue visto como un camino hacia la paz, especialmente en la liturgia, el lugar importante de la vida religiosa, y no debería haber cambios». Añadió con franqueza: «Por qué el Papa Francisco impuso las restricciones de todos modos es y sigue siendo un misterio para mí».
Cuando se le preguntó sobre sus expectativas para el futuro de la Misa Tridentina, Gänswein fue categórico en su respuesta: el Papa León XIV debería restaurar Summorum Pontificum para permitir la unidad en el rito romano.
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«Considero que la sabia regulación del Papa Benedicto (en Summorum Pontificum) es el camino correcto, y ese ha sido ahora el camino correcto durante más de 10 años, y deberíamos continuar en este camino sin quejas, sin restricciones«, declaró. «Solo puedo esperar que el Papa León también vaya en esta dirección y simplemente continúe la pacificación, para que entonces podamos simplemente esperar trabajar juntos».
El llamado de Gänswein se suma a una creciente lista de prelados de alto rango que han expresado esperanzas similares desde la elección del Papa León XIV en mayo. El cardenal Raymond Burke, quien celebró una Misa en Latín dentro de la Basílica de San Pedro pocos meses después para la peregrinación anual de Summorum Pontificum, reveló en junio que ya había hablado con el nuevo pontífice sobre lo que considera la persecución de los fieles que asisten a la Misa en Latín.
«Es mi esperanza que León XIV ponga fin a la presente persecución de los fieles en la Iglesia que desean adorar a Dios según el uso más antiguo del Rito Romano, esta persecución desde dentro de la Iglesia», declaró Burke. «Ya he tenido ocasión de expresar eso al Santo Padre. Es mi esperanza que él –tan pronto como sea posible– tome el estudio de esta cuestión y trate de restaurar la situación como estaba después de Summorum Pontificum e incluso desarrollar lo que el Papa Benedicto XVI había legislado tan sabia y amorosamente para la Iglesia».
El cardenal Robert Sarah también reveló durante una entrevista en octubre que tuvo la oportunidad de hablar con el Papa León sobre el fin de las restricciones impuestas a la Misa Tradicional en Latín durante una audiencia privada en septiembre. Por su parte, el cardenal Kurt Koch, recientemente nombrado presidente de Ayuda a la Iglesia Necesitada por el Papa León, declaró en agosto que sería «deseable» que el 267º pontífice termine con las restricciones sobre la Misa en Latín y regrese a Summorum Pontificum.
«Personalmente, apreciaría si pudiéramos encontrar un buen camino hacia adelante aquí», expresó el prelado suizo. «El Papa Benedicto XVI ha mostrado un camino útil al creer que algo que se ha practicado durante siglos no puede simplemente ser prohibido. Eso me convenció». Koch añadió: «El Papa Francisco ha elegido un camino muy restrictivo en este sentido. Ciertamente sería deseable abrir más nuevamente la puerta ahora cerrada».
La controversia en torno a la Misa Tradicional en Latín se intensificó con la promulgación de Traditionis Custodes en julio de 2021, que revirtió significativamente las disposiciones liberalizadoras de Summorum Pontificum de 2007. Mientras que el documento de Benedicto XVI permitía una mayor libertad para la celebración de la forma extraordinaria del rito romano, las nuevas restricciones requieren autorización episcopal específica y limitan considerablemente dónde y cuándo puede celebrarse la liturgia tradicional.
Los defensores de la Misa Tradicional argumentan con claridad y honestidad teológica, que esta forma litúrgica, que fue la norma en la Iglesia Católica durante siglos hasta las reformas del Concilio Vaticano II, representa una continuidad invaluable con la tradición católica y ha demostrado ser espiritualmente fructífera para muchos fieles. Por ello, las restricciones actuales crean división innecesaria en lugar de promover la unidad que supuestamente se busca con ellas. La posición expresada por estos cardenales y arzobispos refleja una esperanza más amplia entre ciertos sectores del clero de que el nuevo pontificado pueda adoptar un enfoque más conciliador.
Fuente: Archbishop Gänswein urges Pope Leo to end Latin Mass restrictions, restore Summorum Pontificum – LifeSite
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