viernes, 9 de enero de 2026

PERVIERTEN LA NOCIÓN DE LA VERDADERA RELIGIÓN AQUELLOS QUE DICEN QUE TODAS LAS RELIGIONES SON BUENAS


"... Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la Divinidad de Su Persona o misión. […] Tales empresas no pueden ser aprobadas por los Católicos de ninguna manera, ya que se basan sobre la teoría errónea según la cual todas las religiones son todas más o menos buenas, en el sentido de que todas, aunque de maneras diferentes, manifiestan y significan el sentimiento natural e innato que nos conduce a Dios y nos lleva a reconocer con respeto su poder. La verdad es que los partidarios de esa teoría se extravían en pleno error, pero además, pervirtiendo la noción de la Verdadera Religión, la repudian […] La conclusión es clara: solidarizarse con los partidarios y los propagadores de tales doctrinas es alejarse completamente de la Religión divinamente revelada."

Papa Pío XI, Encíclica "Mortalium Animos" n. 2 y 3, 6 de Enero de 1928

miércoles, 7 de enero de 2026

¡OH EXCELSA VIRGEN MARÍA!


"Que quien te ama, ¡oh excelsa María!, escuche esto y se llene de gozo: El cielo exulta de dicha, y de admiración la tierra, cuando digo Ave María. Mientras aborrezco al mundo, en amor de Dios me inundo cuando digo Ave María. Mis temores se disipan, mis pasiones se apaciguan, cuando digo Ave María. Se aumenta mi devoción y alcanzo la contrición cuando digo Ave María. Se confirma mi esperanza, mi consuelo se agiganta, cuando digo Ave María. Mi alma de gozo palpita, mi tristeza se disipa, cuando digo Ave María, porque la dulzura de esta suavísima salutación es tan grande que no hay término apropiado para explicarla debidamente, y después que hubiera uno dicho de ella maravillas, resultaría aún tan escondida y profunda que no podríamos descubrirla. Es corta en palabras, pero grande en misterios; es más dulce que la miel y más preciosa que el oro. Es preciso tenerla frecuentemente en el corazón para meditarla y en la boca para leerla y repetirla devotamente."

 

Beato Alano de la Roche, a la Santísima Virgen.


lunes, 5 de enero de 2026

NOCHE DE REYES


 Por: Oscar Méndez Cervantes 


 En el sitio de honor de la casa, el Nacimiento para el Niño Dios era un trasunto de la Gloria, en la ingenuidad milagrosa de su breve y minucioso aparato escénico. 

 Un suave ribazo, en cuya pendiente la Gruta y el Portal fingían –para el alma- una diminuta caja de resonancias, estremecida aún por el villancico navideño. María y José, en unciosa adoración. El concierto angélico, en impalpable revoloteo, entre las ramas de resinosas fragancias. Pastores y rebaños, poblando repechos y hondonadas. Cisnes, en lagos de espejos. Jacales autóctonos, empinándose sobre la gracia topográfica de un mínimo precipicio. A su vera, escarbando la alfombra de heno y musgo, aves corraleras casi tan grandes como la indígena pareja xochimilca, con la batea de las ofrendas florales y el huacal henchido de frutos nada palestinenses, pero sí muy mexicanos. Más allá, sobrepasando los techos de un caserío de tejamanil, la cuadrilla de toreros, circundando al “miura” en trance de embestir, ponía el detalle de casticismo festejoso. En una retirada oquedad –trasunto del Sinaí de los ascetas- el ermitaño imprescindible ponderaba en su contemplación la grandeza del Misterio y de las profecías cumplidas. Un noble perro lanudo, montaba la guardia en torno de la cueva eremítica y mantenía a distancia al Maligno rondador: cuerpo y alas teñidos –ante el fracaso de sus asechanzas- de un ridículo verde bilioso.

 Y por encima de todo, más alto aún que las esferas de policromadas luces, con un nevado vellón de escarcha prendido a su cauda sideral, la Estrella fulgurante, señalando el lugar de las adoraciones a la inminencia dadivosa de los Santos Reyes Magos.. 

No era posible que éstos equivocaran la ruta. Durante toda la noche de Epifanía, ahí posaba el astro, y alumbraba la dulce y tradicional exactitud de aquel privilegiado rincón hogareño. Por eso, cabe las últimas estribaciones de la colina del Nacimiento, buscaba arrimo el calzado de la chiquillería, en la expectación de los obsequios –infalibles- de Melchor, Gaspar y Baltasar.

 ¡Y qué jubilosa inquietud la nuestra cuando, depositada la clásica epístola pedigüeña –solicitando una desmesurada nómina de regalos, capaces de agotar las arcas de todos los reyes orientales-, nos acogíamos al retiro del lecho infantil, y, apagadas las luces, manteníamos en vela los sentidos y quebrábamos en silencios nuestros cuchicheos ante al más leve ruido nocturno. (“¿Serán ellos?... ¡No, aun es muy temprano!”) Y poco más tarde, creíamos ya adivinar el paso sigiloso de la caravana: cascos de camello hiriendo las baldosas del patio, tin tin de argentados palafrenes, roce de sedas y púrpuras, legendarios, prestigiosos aromas de desierto y de oasis…

 Por fin, el cansancio vencía nuestra alertada vigilia y nos cerraba los párpados. Entonces, el sueño poblaba la habitación con las más estupendas visiones, dignas de aquella Jauja de que tan vivamente nos hablaban los cuentos: ríos de melaza, cayendo en cascada sobre el piso; palacios de azúcar cristalizada en que una luz mágica se quebraba en incitantes iridiscencias; juguetes mecánicos corriendo ruidosamente ante el regocijo de regimientos enteros de soldados de plomo; la elegante parsimonia de un gato de serrín y felpa, y, sobre la rinconera, las notas celestes de una cajita de música daban serenata a muñecos de asombrados ojos azules… Y luego, el fusil de madera, y el proyector de sombras chinescas, y el libro de estampas, y un sinfín de maravillas, todas rutilantes, agitadas por una indefinible palpitación de vida…

 Pero la belleza de todas esas dulces fantasmagorías, quedábase corta y deslucida ante la mañanera comprobación de la visita de los Magos. ¡Ahí de nuestro alboroto, del gozo estallante en gritos, cabriolas y carreras, con que al alba de Dios taladrábamos los oídos de las personas mayores! Junto al fiel de los estrenos obligados, yacía la milagrera realidad del juguete y la golosina, y tal o cual nota, de puño y letra de Gaspar o Melchor, dejando saludos y abrazos y promesas para los del mejor comportamiento en el siguiente año. De ahí en adelante, la jornada transcurría en una hechicera sucesión de juegos y comentarios de la muchachada, que no se cansaba de acariciar el juguete, y consumir –en sabias pausas- caramelos y rosquillas… 

 ¡Bendita Tradición la nuestra, que, en cada uno de sus matices y expresiones, desde la infancia hasta la vejez, nos enjoya la vida con el suave regalo de su diáfano embrujo!

miércoles, 31 de diciembre de 2025

ACCIÓN DE GRACIAS POR UN AÑO MÁS

 


Padre nuestro que estás en los cielos, dueño de la Verdad, del tiempo y de la eternidad: Tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. Al terminar el año 2025, en nombre propio y de los míos, queremos darte gracias, por todo aquello que recibimos de Ti.

 Gracias por la familia que nos diste, por la vida y el amor, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por todo cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

 Gracias por acogernos en tu verdadera Iglesia. Te ofrecemos todo cuanto hicimos este año que termina. El trabajo que pudimos realizar, las cosas que pasaron por nuestras manos, y lo que con ellas pudimos construir de positivo.

 También, Señor, hoy queremos pedirte perdón.

 Perdón por nuestros pecados, por el mal que hemos causado, por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por las omisiones, por la palabra inútil y el amor desperdiciado. 

 Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho. Y perdón por vivir sin entusiasmo. También por la oración, que poco a poco, fuimos aplazando y que hasta ahora hacemos para agradecerte todo lo que nos has dado.

 Por todos nuestros olvidos, descuidos y silencios. Nuevamente te pedimos perdón, Señor.

 Iniciaremos un nuevo año y detenemos nuestra vida, ante el nuevo calendario aún sin estrenar. Te presentamos estos futuros 365 días, que sólo Tú sabes, quienes llegaremos a vivirlos completos. Si no los terminamos... ayúdanos a morir en Ti, en gracia santificante, luego de haber acudido -sinceramente contritos- al tribunal de la Confesión. 

 Hoy te pedimos para cada uno de nosotros: la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la caridad y la sabiduría, el empeño para serte fieles y vivir siempre en tu Gracia, pues sólo en Gracia se transita el camino seguro. Sólo el necio esto no lo entiende, por lo que te pedimos que nos quites cualquier venda que nos impida ver nuestra estulticia. 

 Señor, ayúdanos a ser celosos de tu gloria y la de tu Iglesia, y vivir sólo por Ti, en Ti y para Ti. 

 Queremos vivir cada día con optimismo y bondad, llevando a todas partes, un corazón lleno de comprensión y paz que busque siempre la Verdad de tu Palabra. Que nada nos arranque de ella, pues tu fe es nuestro mayor tesoro. 

 Cierra Tú nuestros oídos, a toda calumnia, a las falsas doctrinas contra tu Palabra. Y nuestros labios, a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes. Abre, en cambio, nuestro ser a todo lo que es bueno. 

 Que nuestro espíritu, se llene sólo de bendiciones, y las derrame a nuestro paso. Cólmanos de bondad y de alegría, para que cuantos conviven con nosotros, o los que se acerquen, encuentren en nuestras vida, un poquito de TI. 

 Gracias, Señor, por todo y perdona nuestras deudas contigo. Guíanos a todos por la senda del camino estrecho que nos permita un día entrar por la puerta angosta y estar en tu regazo eterno para bendecirte por los siglos de los siglos. Si para ello es necesario que utilices tu mano derecha que nos sacuda, de antemano aceptamos cualquier pena y dolor por difíciles que sean. 

 Danos un feliz 2026 y enséñanos a amarte viviendo siempre en tu gracia, y seguirte con plena fidelidad. Gracias, Señor, por todas las bendiciones del pasado año, así como por las que derramarás el que inicia. 

 Santísima Virgen María, encomiendo a tu Inmaculado Corazón a toda la familia mía. 

 Amén.

REFLEXIÓN:

 Acaso pasaste parte de este año en pecado mortal. Si durante esa época hubieras muerto, ¿dónde estarías ahora? Dios te ha dado tiempo para hacer penitencia; aprovéchalo mejor en lo porvenir ¡acaso no tengas más que este año de vida! Prepárate, pues, a morir, haz una buena confesión, y si quieres pasar santamente todos los días del año que va a comenzar piensa todos los días en la muerte y en la eternidad. Dios te ha ocultado tu último día, para que te prepares a él todos los días de tu vida.