lunes, 28 de septiembre de 2026

SOBRE LA PUREZA DE LA JUVENTUD (TEXTOS DE SU SANTIDAD PÍO XII)



Varias veces, en diversas ocasiones, Su Santidad Pío XII ha recordado al mundo cristiano, especialmente a la juventud de hoy, las enseñanzas de la Iglesia sobre la castidad. 

En un mundo que muy frecuentemente ha perdido el sentido y la estima de la pureza, bueno será releer y meditar algunas de las palabras con que el Sumo Pontífice supo exaltar esta virtud a los ojos de la juventud de nuestro tiempo. 

Su obligación es siempre actual.

 «Nos, declaramos... a los educadores y a los mismos jóvenes: el mandamiento de la pureza de alma y cuerpo es valedero para la juventud de hoy día, la cual tiene la obligación moral y, con la gracia de Dios, la posibilidad de conservarse pura. Rechazamos, pues, como errónea la afirmación de   quienes consideran como inevitables las caídas durante los años de la pubertad, de las cuales no habría que hacer mucho caso, como si no fuesen culpas graves.

»Por el contrario, es una regla sabia y obligatoria para el educador, el inculcar claramente el mandamiento como tal y su importancia como ley divina, sin por eso dejar de representar ante los jóvenes las nobles cualidades de la pureza, de forma que los lleven a amarla y desearla por sí misma.» (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.) 

«Unidos todos con una generosa emulación, esforzaos por reintegrar y restaurar la honestidad y la pureza de costumbres en todos los órdenes: en la educación de los niños, en la formación de una juventud pura, sincera, fiel y celosa de su virtud; en todos los órdenes de la vida del trabajo, en las diversiones, esparcimientos y en el deporte. Si no hacéis esto, hay que dar por perdido el honor del pueblo cristiano, hay que dar por perdida la dignidad humana, porque Dios «no nos ha llamado a la impureza, sino a la santidad» (I Thess., 4, 7). (Al pueblo de Roma, 18 de marzo de 1945.) 

Sus motivos profundos.

a) La dignidad humana y cristiana reclama respeto al cuerpo.

«No olvidéis nunca que, por la gracia, lleváis a Dios en vuestra alma; no olvidéis que esta divina presencia os constituye, no solo en cuanto al alma, sino también en cuanto al cuerpo, en templos santos.

»¿No sabéis —escribía San Pablo en su primera carta a los corintios— que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿No sabéis que vuestros miembros son el santuario del Espíritu Santo, que habita en vosotros, el cual habéis recibido de Dios y que ya no os pertenecéis?» (I Cor., VI, 15 y 19).

«El pensamiento consciente de esta inhabitación divina, esta incorporación a Cristo, ha hecho nacer y desarrollarse a través de los siglos, en los pueblos dóciles al Evangelio, un religioso respeto hacia el cuerpo, que se traduce en un conjunto formado   por la compostura de la persona, las maneras,   actitudes, palabras sabiamente compuestas y mesuradas: la modestia... La conciencia y la gracia infunden en el alma como un sentido que vigila contra los peligros que amenazan a la pureza». (A las jóvenes de Acción Católica, 6 de octubre de 1940.)

b) La verdadera libertad cristiana y la alegría.

«Grabad en la conciencia de los jóvenes el concepto puro de la verdadera libertad, digna y característica de una criatura hecha a imagen de Dios, que es algo muy distinto de la corrupción y el desenfreno... La verdadera libertad hace que uno mismo se decida a querer el bien y a realizarlo, enseñoreándose de sus propias facultades e instintos». (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.) 

«Otros jóvenes, la inmensa mayoría, son llamados por Dios a ser sus cooperadores en la procreación de nuevas vidas. Haced que conozcan la belleza del amor cristiano; y para prepararlos a la formación de una familia honesta y dichosa, haced que sepan apreciar las alegrías de una pureza sin mancha». (A la J. A. C., 8 de septiembre de 1953.)

c) La condición de toda formación cristiana.

«El Jacismo se ha impuesto como tarea la formación de las jóvenes del ambiente rural. Ahora bien: en el primer plano de esta acción educativa hemos de mencionar la regeneración de la institución familiar. Ya en esa edad las condiciones han de ser las siguientes: la reforma de costumbres demasiado libres, el respeto a la joven, la seria preparación para el matrimonio». (A la J. A. C., 7 de mayo de 1950.)

d) La condición para un hogar feliz.

«La educación de la juventud en la castidad de pensamientos y afectos, en la continencia antes del matrimonio, no es el fin último al que tiende la pedagogía cristiana, sino la prueba de su eficacia para formar el espíritu contra los peligros que amenazan su virtud. El joven que se enfrenta con la dificultad y lucha victoriosamente por la pureza, guardará los demás mandamientos de Dios y será apto para fundar una familia conforme a los designios de Dios».

«¿Cómo esperar castidad y fidelidad conyugales de un joven que nunca sabe vencerse a sí mismo, dominar sus pasiones, rechazar las invitaciones pérfidas y los malos ejemplos y que antes del matrimonio se ha permitido toda clase de desórdenes?» (Al clero y predicadores de Roma, 22 de febrero de 1944.)

La estima que hay que tener.

«Prometed a María ser una juventud pura. 

»A vosotros toca el hacer surgir en pos de vosotros una generación nueva, que presente al Creador sobre el altar, el día de la boda, el tesoro de su pureza intacto e incontaminado.

»Ofreced, pues, a María siempre Virgen y Madre, vuestra inquebrantable promesa de santa pureza. Y que Ella, con su todopoderosa protección, os ayude a observarla fielmente hasta el fin». (A la juventud femenina de Roma, 12 de mayo de 1946.) 

Peligros a que está expuesta en el mundo actual.

 «Se puede decir que es unánime la opinión de que la moralidad de mucha gente está en decadencia. Y no solamente de la juventud de las ciudades. También en el campo, donde antaño florecían sanas y vigorosas las buenas costumbres, la degradación moral ha hecho sus estragos; pues muchos elementos que en las ciudades arrastran al lujo y al placer, tienen ya entrada libre en los mismos pueblos. 

»Es superfluo recordar hasta qué punto se ha usado y abusado de la radio y del cine...; hasta qué punto la radio y el cine, el libro malo, la revista licenciosa ilustrada, el espectáculo indecente, el baile inmoral, la inmoralidad de las playas, han contribuido a aumentar la libertad, la mundanidad, la sensualidad de la juventud.

«Los informes que tenemos de otras regiones, muy diversas entre sí, nos señalan en todo esto hogares en que la juventud ha abandonado toda moral y religión. De todo ello el primer responsable es la   destrucción del   matrimonio, cuya funesta consecuencia ha sido el descenso moral de la juventud». (A la Unión de Mujeres Católicas, 24 de julio de 1949.)

 Condiciones para salvaguardarla. 

a) Huida de las ocasiones próximas. 

«El educador cristiano estimulará a la juventud a evitar las ocasiones próximas de impureza...» (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.) 

«Padres y madres de familia: ¿estáis dispuestos a comprometeros solemnemente a velar, en cuanto podáis, sobre vuestros hijos e hijas, para prepararlos y defenderlos contra todos los peligros que los acechan y para alejarlos de los sitios en que puedan ser arrastrados a la impiedad y a la perversión moral?» (Alocución en la canonización de María Goretti, 24 de junio de 1950.)

b) Hábitos de esfuerzo, de sacrificio y de dominio de sí mismo.

«El educador cristiano animará a los jóvenes a la lucha, sin ocultar la dureza de la misma; los incitará a realizar con valentía los sacrificios que exige la virtud, y los exhortará a perseverar, para no exponerse a abandonar las armas desde el principio sucumbiendo sin resistencia a los malos hábitos». (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.)

«Educad a la juventud en la pureza. Ayudadla cuando necesita una palabra de explicación, un consejo, una dirección. No olvidéis, sin embargo, que una buena educación que abarque toda la vida, que enseñe sobre todo el dominio personal, es también la mejor formación para la castidad». (A las mujeres de la Acción Católica Italiana, 24 de julio de 1949.)

«El pastor de almas... debe formar, hacer crecer e instruir en las luces de la fe a una generación que ya desde sus primeros años ha aprendido a pensar santamente, a vivir castamente y a dominarse a sí misma». (Al clero y predicadores de Roma, 22 de febrero de 1944.)

«Al inmoderado afán de placeres y a la indisciplina moral que trata de invadir las filas de la juventud católica, haciéndola olvidar que lleva en sí una naturaleza caída, triste herencia del pecado original, oponed la educación del dominio personal, del sacrificio y del renunciamiento, la educación de la pureza, en especial durante los años en que el desarrollo va llegando a su madurez«.
  (Radiomensaje al Congreso de Educación Católica de Bolivia, 6 de octubre de 1948.) 

c) La modestia o el pudor cristiano.

«Teniendo en cuenta la nobleza que Cristo ha conferido al misterio de la maternidad, se puede concluir cuál ha de ser la fuerte, valerosa y firme actitud de la joven católica frente a publicaciones o espectáculos audazmente sensuales, que solo dejan ver intrigas, adulterios, lenguaje equívoco, cuando no escándalos desvergonzados por su crudeza.» 

»En vuestra mano está la mejor arma y más poderosa para oponeros a semejantes manifestaciones; esa arma es la abstención absoluta...

»Educad a las jóvenes en esta alta y santa dignidad, fuente de protección franca y eficaz de la integridad física y espiritual, Esta dignidad, esta nobleza valerosa e indomable es un don precioso... que realza el valor moral de la mujer, la cual, en su integridad, no se entrega sino a su esposo para la formación de una familia». (A las jóvenes de Ácción Católica, 24 de abril de 1943.) 

«Oh madres cristianas, si supierais las angustias   y   peligros   interiores, las dudas mal contenidas, las   vergüenzas mal reprimidas que preparáis a vuestros   hijos   y   vuestras   hijas, acostumbrándolos imprudentemente a vivir apenas cubiertos, haciéndoles perder el sentido delicado de la modestia, enrojeceríais de vergüenza, y os avergonzaríais de vosotras mismas y del daño que estáis causando a esos hijos que el cielo os ha confiado a fin de que los eduquéis cristianamente.

 »Y lo que decimos a las madres lo repetimos a tantas mujeres creyentes y aun piadosas, que siguiendo tal o cual moda atrevida, son con su ejemplo causa de que otras hermanas suyas, a quienes retenían alejadas muchas vacilaciones, sigan una moda que puede ser para ellas causa de ruina espiritual. Mientras ciertas toilettes (prendas de vestir) provocativas sigan siendo el triste privilegio de mujeres de dudosa reputación y como la señal que las distingue de las demás, nadie se atreverá a adoptarlas. Mas el día en que esta toilette (prenda provocativa) aparezca en personas al abrigo de toda sospecha, ya no habrá miedo de seguir una corriente que acaso lleve a las peores caídas.

 "Se ha observado muy justamente que si las cristianas sospechasen las tentaciones y caídas de que son causa en los demás con sus vestidos (provocativos) y familiaridades, a las que en su inconsciencia dan tan poca importancia, se llenarían de espanto a la vista de su responsabilidad». (A las jóvenes de Acción Católica, 6 de octubre de 1940.)

 d)   Recurso   a   las   fuerzas   sobrenaturales   (oración   y   sacramentos).   

«La   general experiencia de ayer, de hoy y de siempre, atestigua que en la educación moral ni la iniciación sexual ni la instrucción presentan ventaja alguna, sino al contrario, que es gravemente malsana y perjudicial, a no ser que vaya unida a una constante disciplina, a   un   vigoroso   dominio   de   sí   mismo,   al   empleo   sobre   todo   de   las   fuerzas sobrenaturales de la oración y de los sacramentos. Todos los educadores católicos dignos de este nombre y de su misión conocen perfectamente el papel preponderante de las energías sobrenaturales en la santificación del hombre, joven o adulto, soltero o casado». (A los padres de familia de Francia, 18 de septiembre de 1951.) 

«No olvidéis nunca que esta meta (la conquista de la pureza) no puede alcanzarse sin la ayuda poderosa de los sacramentos de confesión y comunión, cuyo valor sobrenatural educativo no podrá nunca justipreciarse como es debido». (Radiomensaje a Bolivia, 6 de octubre de 1948.)

 «Enseñadles (a los jóvenes) a rezar y a sacar de las fuentes de la Penitencia y Éucaristía lo que la naturaleza no puede dar: la fuerza para no caer, la fuerza para levantarse». (A la Acción Católica Italiana, 23 de marzo de 1952.) 

«Es claro que el que no quiere dominarse a sí mismo no lo podrá nunca, y que el que cree poder dominarse contando tan solo con sus propias fuerzas, sin buscar con sinceridad y perseverancia el auxilio divino, se engaña miserablemente(*)» (A las comadronas italianas, 29 de octubre de 1951.)

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 (*) Estas últimas palabras se referían directamente a la castidad conyugal, pero valen igualmente para la pureza en general.

sábado, 26 de septiembre de 2026

SÚPLICA

 

Ved, Señor, postrado a vuestros pies al que tan poco tuvo en cuenta vuestros dones ni vuestros castigos… ¡Desdichado de mí! Si Vos, Jesús mío, no hubieseis tenido misericordia, muchos años ha que estaría yo en aquel horno pestilente, donde arderán tantos pecadores como yo.

¡Ah Redentor mío! ¿Cómo podría en lo sucesivo ofenderos otra vez? No suceda así, Jesús de mi vida; antes enviadme la muerte. Y ya que habéis comenzado, acabad la obra; ya que me habéis sacado del lodazal de mis culpas y tan amorosamente me invitáis a que os ame, haced ahora que el tiempo que me deis le invierta todo en serviros.

¡Cuánto desearían los condenados un día, una hora de ese tiempo que a mí me concedéis!… Y yo ¿qué haré? ¿Seguiré malgastándole en cosas que os desagraden?…

No, Jesús mío, no lo permitáis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, que hasta ahora me han librado del infierno. Os amo, Soberano Bien, y porque os amo me pesa de haberos ofendido, y propongo no ofenderos más, sino amaros siempre.

Vuestra Sangre y vuestra muerte son, Jesús mío, mi esperanza. Habéis muerto por librarme de la muerte eterna. ¿Y quién, Señor, alcanzó mayor parte en los méritos de vuestra Pasión que este miserable, tantas veces merecedor del infierno?… No permitáis que continúe siendo ingrato a tantas gracias como me habéis concedido.

Librándome del infierno, quisisteis que no ardiese yo en las llamas eternas, sino en el dulce fuego de vuestro amor. Ayudadme, pues, a fin de que cumpla vuestros deseos. Si estuviese en el infierno, no podría amaros.

Pero ya que ahora puedo amar, amaros quiero… Os amo, Bondad infinita; os amo, Redentor mío, que tanto me habéis amado. ¿Como he podido vivir tan largo tiempo olvidado de Vos? Mucho, Señor, os agradezco que Vos no me hayáis olvidado. De no haber sido así, hallaríame ahora en el infierno, o no tendría dolor de mis culpas.

Este dolor de corazón por haberos ofendido, este deseo que siento de amaros mucho, dones son de vuestra gracia, que me, auxilia y vivifica… Gracias, Dios mío.

Espero consagraros la vida que me resta. A todo renuncio, y quiero pensar únicamente en serviros y complaceros. Imprimid en mi alma el recuerdo del infierno que merecí y de la gracia que me disteis, y no permitáis que, apartándome otra vez de Vos, vuelva a condenarme yo mismo a los tormentos de aquella cárcel…

Sois, pues, Dios mío, Sumo Bien, el bien infinito, ¿y yo, voluntariamente, tantas veces os he perdido?… Sabía yo que con mis culpas os enojaba y perdía vuestra gracia, ¡y, sin embargo, las cometí!… ¡Ah, Señor, si no supiese que clavado en la cruz moristeis por mí, no me atrevería a pedir y esperar vuestro perdón!…

 ¡Oh Eterno Padre! No me miréis a mí, mirad a vuestro amado Hijo, que por mí ruega, y oídle y perdonadme.

Muchos años ha que merecí verme en el infierno, sin esperanza de amaros ni recuperar la perdida gracia. Me pesa, Dios mío, de todo corazón, de las injurias que os hice renunciando a vuestra amistad, despreciando vuestro amor por los viles placeres del mundo… ¡Antes hubiera muerto mil veces!… ¿Cómo pude estar tan ciego y tan loco?…

Gracias, Señor, que me dais tiempo de remediar el mal que cometí. Ya que por vuestra misericordia no estoy en el infierno y puedo amaros todavía, deseo amaros, Dios mío. No he de dilatar más mi sincera y firme conversión…

Os amo, Bondad infinita; os amo, vida y tesoro mío, mi amor y mi todo… Acordaos siempre, Señor, del amor que me tuvisteis; y recordadme a mí el infierno en que debiera hallarme, a fin de que este pensamiento me encienda en vuestro amor y me mueva a repetir mil veces que de veras os amo…

Reina y Madre nuestra, María Santísima, rogad a Jesús por mí, y alcanzadme los dones de la perseverancia y del divino amor.

¡Oh Madre de Dios, rogad por este pecador arrepentido! Vuestra intercesión me libró del infierno. Libradme también del pecado, único motivo capaz de acarrearme nueva condenación.

¡Oh María, Reina, esperanza y Madre nuestra, si me viese en el infierno, tampoco podría amaros a Vos!…
Mas ahora os amo, Madre mía, y espero que jamás dejaré de amar a Vos y a mi Dios. Ayudadme y rogad a Jesús por mí.

Amén.

 TOMADO DE: PREPARACIÓN PARA LA MUERTE DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO.

viernes, 25 de septiembre de 2026

LA IGLESIA DE CRISTO Y LAS SECTAS POSTERIORES


Todas las demás dizque iglesias fueron fundadas al menos 1.500 años después de Cristo por hombres rebeldes que falsificaron el Evangelio y fundaron sectas que no salvan, que no son instrumentos de salvación, sino de perdición. Jesucristo no fundó muchas iglesias, ni dejó a cada hombre la libertad de inventar su propia religión. Dijo claramente a San Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18). Y San Pablo enseña que hay «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef 4,5).

Martín Lutero, en el siglo XVI; Juan Calvino, en el siglo XVI; Enrique VIII, en el siglo XVI; José Smith, fundador del mormonismo en 1830; Charles Taze Russell, iniciador del movimiento de los Estudiantes de la Biblia en la década de 1870; y los fundadores y promotores de otros movimientos religiosos posteriores aparecieron muchos siglos después de Jesucristo.

Por eso, ninguna secta puede usurpar el nombre de Iglesia fundada por Cristo. La Iglesia Católica no nació ayer, ni en el siglo XVI, ni en el XIX, ni en el XX: nació de Jesucristo y fue confiada a los Apóstoles. La antigüedad, la sucesión apostólica, la doctrina y los sacramentos no pueden ser sustituidos por una interpretación privada del Evangelio. El evangelio falsificado es distinto del Evangelio verdadero. Por eso advierte San Pablo: «Aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gál 1,8).


jueves, 24 de septiembre de 2026

EL TESTAMENTO DE ISABEL LA CATÓLICA. EL BUEN TRATO A LOS INDIOS.



La Reina Isabel hizo testamento en el castillo de La Mota, en Medina del Campo, el 12 de octubre de 1504.

El 23 de noviembre agregó un codicilo, en cuyo capítulo XII muestra su preocupación por los habitantes de las recién descubiertas tierras americanas.

Por ello, ruega a su esposo Fernando, a su hija la princesa Juana y a su yerno el archiduque Felipe que se ocupen de que se trate a los indios con justicia y respeto y que recuerden que el principal fin por el que les han sido concedidos los territorios del Nuevo Mundo es la evangelización:

"Por quanto, al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las islas e tierra firme del mar Océano, descubiertas e por descubrir, nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro sexto de buena memoria, que nos fizo la dicha concession, de procurar inducir e traher los pueblos dellas e los convertir a nuestra Santa Fe católica, e enviar a las dichas islas e tierra firme del mar Océano prelados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vezinos e moradores dellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en ello la diligencia debida, según como más largamente en las Letras de la dicha concessión se contiene, por ende suplico al Rey, mi Señor, mui afectuosamente, e encargo e mando a la dicha Princesa mi hija e al dicho Príncipe su marido, que ansí lo hagan e cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vezinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que sea bien e justamente tratados. E si algún agravio han rescebido, lo remedien e provean".

miércoles, 23 de septiembre de 2026

LOS PECADOS CONTRA LA NATURALEZA


 San Agustín afirma:

“Así pues, todos los pecados contra naturaleza, como fueron los de los sodomitas, han de ser detestados y castigados siempre y en todo lugar, los cuales, aunque todo el mundo los cometiera, no serían menos reos de crimen ante la ley divina, que no ha hecho a los hombres para usar tan torpemente de sí, puesto que se viola la sociedad que debemos tener con Dios cuando dicha naturaleza, de la que Él es autor, se mancha con la perversidad de la lascivia”.

San Juan Crisóstomo proclama desde el púlpito:

“Todas las pasiones llevan consigo un carácter vergonzoso, pero nada más ignominioso que el delirio por personas del mismo sexo, por el cual el alma se degrada más, se cubre más de oprobio, que el cuerpo por las enfermedades físicas. Los hombres, dice San Pablo, han cambiado los placeres legítimos de la unión conyugal por placeres abominables, rechazando la unión de los sexos conforme a la naturaleza. Pensad en aquella lluvia que hizo arder a Sodoma. Es imagen en este mundo del fuego real que quema al impúdico en el infierno. ¡Cuán enorme debe ser el pecado que trae el infierno sobre la tierra! ¡Oh hombre! ¡Hasta qué punto degradas tu nobleza!”.

San Gregorio Magno comenta:

“Es por haber ardido en deseos perversos venidos de una carne fétida por lo que los sodomitas merecieron perecer a la vez por el fuego y por el azufre, a fin de que un justo castigo les mostrase lo que habían hecho por sus deseos infames”.


viernes, 18 de septiembre de 2026

CUIDADO, MUCHO CUIDADO! ⚠️


 «Todos deberían evitar la familiaridad o amistad con cualquier sospechoso de pertenecer a la Masonería o a los grupos afiliados a esta. Conocerlos por sus frutos y evitarlos. Debe evitarse toda familiaridad, no solo con aquellos impíos libertinos que promueven abiertamente el carácter de la secta, sino también con aquellos que se esconden bajo la máscara de la tolerancia universal, el respeto a todas las religiones, y el anhelo de reconciliar las máximas del Evangelio con las de la revolución. Esos hombres buscan reconciliar a Cristo y a Belial, la Iglesia de Dios y el estado sin Dios»

PAPA LEÓN XIII, Encíclica “Custodi di quella Fede”.


jueves, 17 de septiembre de 2026

MEDITACIÓN SOBRE CÓMO HAY QUE VENCER LA TRISTEZA



¿Hay entre vosotros alguno que esté triste? (Santiago, 5, 13).

   I. Cuando estamos agobiados bajo el peso de la tristeza, cuando la malicia de nuestros enemigos, la infidelidad de nuestros amigos, los sufrimientos de nuestro cuerpo y tantos otros acontecimientos desfavorables nos colman de amargura, buscamos un amigo fiel para descargar nuestro corazón en el suyo. ¿Dónde encontrar un amigo más fiel que Jesús? Vayamos, pues, al pie de los altares, confiémosle el motivo de nuestras lágrimas, roguémosle que nos libre de nuestras penas. 
   Interroguémosle, escuchemos lo que nos diga en el fondo del corazón, y pronto seremos consolados. Me acordé de ti, Señor, y me alegré (El Salmista).

   II. Para disipar la tristeza, consideremos que existen personas más desventuradas que nosotros. ¡Tantos pobres en los hospicios, tantos enfermos en su lecho sufren mucho más que nosotros! Las benditas almas del purgatorio, los condenados en el infierno, sufren tormentos incomparablemente más crueles que los que nos hacen gemir a nosotros. Aceptemos de buen grado esta tristeza para expiar nuestras faltas. Si una hora de pena te resulta intolerable, ¿cómo sufrir los suplicios eternos del infierno? 
   Piensa en esta verdad y ya no derramarás lágrimas sino para borrar tus pecados.

   III. Piensa en la tristeza que se apoderó del corazón de Jesucristo en el huerto de los Olivos; piensa en los tormentos que por ti soportó en la cruz, y di con Él: “Padre mío, que se haga vuestra voluntad; si queréis que gima durante toda mi vida, me someto a vuestra santa voluntad”. Después de todo, no debemos esperar estar siempre alegres y contentos, puesto que Jesucristo y los santos han estado siempre en aflicción y lágrimas. Señor, quiero llorar con Vos, porque nadie puede gozarse en la tierra con el rico epulón y reinar con Dios en el cielo. 
   Los cristianos deben temer los gozos de la vida presente y desear los sufrimientos con ardor (San Juan Crisóstomo).

Haced oración.
Orad por las órdenes religiosas.

   ORACIÓN: Señor Jesucristo, que, para sacar al mundo de la tibieza en que había caído e inflamar nuestros corazones con el fuego de vuestro amor, habéis impreso en el cuerpo del bienaventurado Francisco las Sagradas llagas de vuestra Pasión, dignaos, en vista de sus méritos y de su intercesi6n, concedernos la gracia de llevar constantemente la cruz y hacer dignos frutos de penitencia. Vos que vivís y reináis en los siglos de los siglos. Amén.

“SANTORAL DE GROSEZ. S. J.”