miércoles, 11 de marzo de 2026
LOS SANTOS NOS HABLAN DE LA CRUZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
“Cristo reinó desde el madero; la cruz es su trono, y desde allí sometió al mundo entero, no por la fuerza de las armas, sino por la fuerza del amor.”
(San Agustín de Hipona)
“La sangre de Cristo derramada en la cruz es el precio de nuestra redención; por ella fuimos comprados, por ella fuimos rescatados del poder del demonio.”
(San León Magno)
“La cruz del Señor es la esperanza de los cristianos, la resurrección de los muertos, el camino de los que estaban perdidos, el bastón de los cojos y el consuelo de los pobres.”
(San Juan Crisóstomo)
“Contempla al Señor crucificado y aprende cuánto te ha amado: sus manos clavadas, sus pies atravesados, su costado abierto y su sangre derramada por la salvación del mundo.”
(San Agustín de Hipona)
“Por el árbol del paraíso entró la muerte en el mundo; por el árbol de la cruz ha sido restaurada la vida.”
(San Ireneo de Lyon)
“Cristo extendió sus manos en la cruz para abrazar a toda la humanidad y reunir en uno a los hijos de Dios dispersos.”
(San Atanasio de Alejandría)
“No te avergüences de la cruz; por ella fueron abiertos los cielos, fue destruida la muerte y fue vencido el diablo.”
(San Cirilo de Jerusalén)
“En la cruz el Señor ofreció el sacrificio verdadero, y su sangre derramada purificó al mundo entero.”
(San Cirilo de Alejandría)
“La sangre de Cristo habla mejor que la de Abel; aquella clamaba venganza, esta implora misericordia para los pecadores.”
(San Juan Crisóstomo)
“En la cruz el Señor inclinó su cabeza para besarnos y abrió su costado para acogernos en su corazón.”
(San Agustín de Hipona)
“La cruz que fue instrumento de suplicio se convirtió en el trofeo de Cristo y en el signo de la victoria sobre el infierno.”
(San León Magno)
“Cristo fue elevado en la cruz para levantar al mundo que había caído por el pecado.”
(San Gregorio Nacianceno)
“En la cruz vemos al Cordero inmolado por nuestros pecados y su sangre derramada para nuestra salvación.”
(San Efrén de Siria)
“El Señor fue clavado en la cruz, pero con esos clavos fijó al enemigo y destruyó el poder del pecado.”
(San Juan Crisóstomo)
“La sangre de Cristo es medicina para las almas, rescate para los cautivos y perdón para los pecadores.”
(San Ambrosio de Milán)
“La cruz del Señor es el altar sobre el cual fue ofrecido el sacrificio que reconcilió al mundo con Dios.”
(San León Magno)
“Cristo fue despojado en la cruz para revestirnos con la gracia divina.”
(San Gregorio de Nisa)
“Los brazos abiertos del Crucificado muestran que Él quiso morir abrazando al mundo.”
(San Atanasio de Alejandría)
“Por la cruz fue destruida la maldición y por la sangre de Cristo nos vino la bendición.”
(San Juan Crisóstomo)
“El costado abierto de Cristo derramó sangre y agua, fuente de los sacramentos y vida de la Iglesia.”
(San Agustín de Hipona)
“La cruz es el árbol de la vida plantado en medio del mundo.”
(San Efrén de Siria)
“Cristo venció al enemigo no con poder humano, sino con la humildad de la cruz.”
(San León Magno)
“El Señor aceptó la muerte para destruir la muerte, y derramó su sangre para dar vida al mundo.”
(San Atanasio de Alejandría)
“En la cruz fue escrito el perdón del mundo con la sangre del Redentor.”
(San Ambrosio de Milán)
“La cruz de Cristo es la puerta del paraíso que estaba cerrada desde Adán.”
(San Cirilo de Jerusalén)
“El Señor fue levantado en la cruz como un médico que se ofrece a sí mismo como remedio para los enfermos.”
(San Gregorio Nacianceno)
“La sangre del Señor derramada en el Calvario purifica la tierra y santifica al mundo.”
(San Juan Crisóstomo)
“En la cruz el Señor pagó nuestra deuda con su propia sangre.”
(San Agustín de Hipona)
“Cristo cargó con nuestros pecados sobre el madero para devolvernos la vida.”
(San Ireneo de Lyon)
“La cruz es el estandarte del Rey crucificado y el terror de los demonios.”
(San Efrén de Siria)
“La pasión de Cristo es el precio de la libertad del mundo.”
(San León Magno)
“La sangre de Cristo es bebida de inmortalidad para los fieles.”
(San Juan Crisóstomo)
“La cruz es el trono del amor divino desde el cual Cristo gobierna los corazones.”
(San Agustín de Hipona)
“La muerte de Cristo destruyó la muerte y su sangre abrió el camino al cielo.”
(San Atanasio de Alejandría)
“La cruz es la gloria de Cristo y la salvación del mundo.”
(San Cirilo de Alejandría)
martes, 10 de marzo de 2026
EL PECADO QUE FINANCIA LA TRATA DE PERSONAS... CON UN SIMPLE CLIC
Durante décadas el mundo moderno ha querido presentar la pornografía como un simple entretenimiento privado. Nada más lejos de la realidad. Detrás de esa pantalla aparentemente inofensiva se esconde una de las industrias más oscuras y lucrativas de nuestro tiempo: la explotación sistemática de la persona humana.
La doctrina moral católica siempre enseñó que los pecados contra la pureza no son un asunto menor ni meramente íntimo. Degradan al hombre, destruyen familias y corrompen la sociedad. Pero hoy, además, sabemos algo más: el consumo de pornografía alimenta directamente redes de explotación y trata de personas.
La industria pornográfica mueve miles de millones. Ese dinero no nace del aire. Proviene de la demanda constante de consumidores. Y cuando hay demanda, siempre habrá quien “provea” el material… aunque para ello se utilice la coacción, el engaño o la miseria de mujeres y jóvenes atrapados en redes de explotación.
Investigaciones civiles han mostrado repetidamente que la frontera entre pornografía y trata de personas es muchas veces inexistente. Víctimas de tráfico humano terminan siendo explotadas en la producción de material pornográfico. En otros casos, menores son manipulados, presionados o directamente forzados a participar.
Por eso conviene recordar una vieja verdad moral que el sentido común del pueblo cristiano expresó con sencillez: “tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”*.
EL CONSUMIDOR NO ES UN ESPECTADOR INOCENTE
Cada clic sostiene la industria. Cada visita genera ganancias. Cada reproducción mantiene funcionando una maquinaria que degrada la dignidad humana y convierte el cuerpo en mercancía. Quien consume pornografía, aun desde la aparente soledad de su habitación, termina cooperando con un sistema que esclaviza a otros.
Aquí también pesa una responsabilidad grave sobre los padres. Permitir que niños y adolescentes naveguen sin vigilancia en internet es exponer su inocencia a un mundo que vive de corromperla. Educar, vigilar y formar la conciencia de los hijos es un deber grave de justicia y caridad.
La pureza cristiana —tan despreciada por la cultura moderna— aparece así bajo su verdadera luz: no es represión, sino defensa de la dignidad humana. Rechazar la pornografía no sólo salva el alma del que la evita: también debilita una industria que se alimenta de la degradación del prójimo.
Porque cuando el cuerpo humano se convierte en mercancía, siempre hay alguien pagando el precio con su libertad. Y demasiadas veces, destrozando una sana infancia.
Vale la pena recordar la advertencia de Nuestro Señor Jesucristo que resuena con fuerza:
“Pero al que escandalizare a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno y que lo hundiesen en lo profundo del mar.”
(San Mateo 18, 6).
*Nota Catolicidad: Si bien existen diferentes grados de responsabilidad, no por ello puede negarse que la pornografía y la trata existen porque hay una clara demanda y una estrecha relación entre ambas; por lo tanto, también hay responsabilidad muy importante por parte del consumidor.
lunes, 9 de marzo de 2026
EL ARZ. GÄNSWEIN URGE AL PAPA A NO RESTRINGIR LA MISA TRADICIONAL
El Arz. Gänswein urge al Papa a no restringir las Misas en Latín y restaurar Summorum Pontificum.
By
Edwin Botero Correa. .
El arzobispo Georg Gänswein, nuncio papal en Lituania, Estonia y Letonia, ha hecho un llamado público al Papa León XIV para que ponga fin a las restricciones impuestas sobre la Misa Tradicional en Latín y restaure las normas establecidas por el motu proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI, añadiendo que esta medida traería unidad a la Iglesia.
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Durante una entrevista transmitida el 7 de diciembre por la cadena de televisión católica alemana Katholisches Fernsehen (K-TV), Gänswein, quien fuera secretario personal del Papa Benedicto XVI, cuestionó la validez de las restricciones actuales sobre la Misa Tridentina. «Es precisamente la (Misa Tradicional en Latín) la que ha permitido a la Iglesia no solo vivir sino vivir bien durante siglos, y lo sagrado se nutrió de ella y por ella», declaró el prelado. «No puede ser que fuera válida y valiosa ayer y luego ya no sea válida mañana. Así que esta es una situación antinatural».
El arzobispo alemán expresó su perplejidad ante la promulgación de Traditionis Custodes por parte de Francisco en 2021, especialmente considerando que la mayoría de los obispos estaban satisfechos con el motu proprio de su predecesor. Gänswein hizo referencia aparente a un informe de la periodista vaticana Diane Montagna sobre los resultados generales de una encuesta realizada en 2020 por la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe, que supuestamente motivó la promulgación de las restricciones por parte de Francisco.
«Los resultados nunca fueron publicados oficialmente, pero, por supuesto, la gente los conoce, y el resultado finalmente fue que se logró la satisfacción», explicó el nuncio. «Summorum Pontificum fue visto como un camino hacia la paz, especialmente en la liturgia, el lugar importante de la vida religiosa, y no debería haber cambios». Añadió con franqueza: «Por qué el Papa Francisco impuso las restricciones de todos modos es y sigue siendo un misterio para mí».
Cuando se le preguntó sobre sus expectativas para el futuro de la Misa Tridentina, Gänswein fue categórico en su respuesta: el Papa León XIV debería restaurar Summorum Pontificum para permitir la unidad en el rito romano.
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«Considero que la sabia regulación del Papa Benedicto (en Summorum Pontificum) es el camino correcto, y ese ha sido ahora el camino correcto durante más de 10 años, y deberíamos continuar en este camino sin quejas, sin restricciones«, declaró. «Solo puedo esperar que el Papa León también vaya en esta dirección y simplemente continúe la pacificación, para que entonces podamos simplemente esperar trabajar juntos».
El llamado de Gänswein se suma a una creciente lista de prelados de alto rango que han expresado esperanzas similares desde la elección del Papa León XIV en mayo. El cardenal Raymond Burke, quien celebró una Misa en Latín dentro de la Basílica de San Pedro pocos meses después para la peregrinación anual de Summorum Pontificum, reveló en junio que ya había hablado con el nuevo pontífice sobre lo que considera la persecución de los fieles que asisten a la Misa en Latín.
«Es mi esperanza que León XIV ponga fin a la presente persecución de los fieles en la Iglesia que desean adorar a Dios según el uso más antiguo del Rito Romano, esta persecución desde dentro de la Iglesia», declaró Burke. «Ya he tenido ocasión de expresar eso al Santo Padre. Es mi esperanza que él –tan pronto como sea posible– tome el estudio de esta cuestión y trate de restaurar la situación como estaba después de Summorum Pontificum e incluso desarrollar lo que el Papa Benedicto XVI había legislado tan sabia y amorosamente para la Iglesia».
El cardenal Robert Sarah también reveló durante una entrevista en octubre que tuvo la oportunidad de hablar con el Papa León sobre el fin de las restricciones impuestas a la Misa Tradicional en Latín durante una audiencia privada en septiembre. Por su parte, el cardenal Kurt Koch, recientemente nombrado presidente de Ayuda a la Iglesia Necesitada por el Papa León, declaró en agosto que sería «deseable» que el 267º pontífice termine con las restricciones sobre la Misa en Latín y regrese a Summorum Pontificum.
«Personalmente, apreciaría si pudiéramos encontrar un buen camino hacia adelante aquí», expresó el prelado suizo. «El Papa Benedicto XVI ha mostrado un camino útil al creer que algo que se ha practicado durante siglos no puede simplemente ser prohibido. Eso me convenció». Koch añadió: «El Papa Francisco ha elegido un camino muy restrictivo en este sentido. Ciertamente sería deseable abrir más nuevamente la puerta ahora cerrada».
La controversia en torno a la Misa Tradicional en Latín se intensificó con la promulgación de Traditionis Custodes en julio de 2021, que revirtió significativamente las disposiciones liberalizadoras de Summorum Pontificum de 2007. Mientras que el documento de Benedicto XVI permitía una mayor libertad para la celebración de la forma extraordinaria del rito romano, las nuevas restricciones requieren autorización episcopal específica y limitan considerablemente dónde y cuándo puede celebrarse la liturgia tradicional.
Los defensores de la Misa Tradicional argumentan con claridad y honestidad teológica, que esta forma litúrgica, que fue la norma en la Iglesia Católica durante siglos hasta las reformas del Concilio Vaticano II, representa una continuidad invaluable con la tradición católica y ha demostrado ser espiritualmente fructífera para muchos fieles. Por ello, las restricciones actuales crean división innecesaria en lugar de promover la unidad que supuestamente se busca con ellas. La posición expresada por estos cardenales y arzobispos refleja una esperanza más amplia entre ciertos sectores del clero de que el nuevo pontificado pueda adoptar un enfoque más conciliador.
Fuente: Archbishop Gänswein urges Pope Leo to end Latin Mass restrictions, restore Summorum Pontificum – LifeSite
sábado, 7 de marzo de 2026
¡JÓVENES, VUELVAN A SANTO TOMÁS! Maestro y amigo para pensar con verdad y entregar la vida por Cristo Rey.
Por Diego Casanueva Rivero
- “Él (Santo Tomás) iluminómás a la Iglesia que todoslos otros doctores. En suslibros aprovecha más elhombre en un solo año,que en el estudio de losdemás durante toda
la vida.”
SS. Juan XXII, Bulla Mirabilis Deus
Nos encontramos ante una crisis profunda que lleva a un combate de magnitud extraordinaria, pues al tiempo que el enemigo se ha hecho de poder político y económico, también ha logrado penetrar la vida eclesial, civil y doméstica, capturando inteligencias y voluntades sin que muchos adviertan el grado de confusión en que se hallan.
Este sometimiento hiere especialmente a los jóvenes, quienes, sin experiencia ni formación sólida, se convierten en barcas frágiles en medio de una tormenta de opiniones difundidas como progreso y libertad.
En este contexto, la grandeza de Santo Tomás resplandece con particular claridad: un joven de inteligencia portentosa, memoria admirable y lucidez excepcional que unió a esos dones una pureza invencible y una valentía serena y aguda para defender la verdad.
Patrono de estudiantes, protector de escuelas y seminarios, toda su vida se movió bajo el signo de la amistad; fue maestro, guía firme y cercano valedor de la juventud.
Su genialidad estuvo sostenida por una profunda devoción al Santísimo Sacramento del Altar. Amó la Eucaristía, contempló el misterio del Cuerpo de Cristo y supo expresar en himnos y tratados la grandeza del Sacramento; de la adoración brotó su luz intelectual y su capacidad de saborear la dulzura de las verdades más altas contemplando y transmitiendo lo contemplado; véase la profundidad y belleza del himno Adoro te devote:
“¡Oh, memorial de la muerte del Señor!
Pan vivo que das vida al hombre:
Concede a mi alma que de Ti viva
Y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, bondadoso Pelícano,
Límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre,
De la que una sola gota puede liberar
De todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto,
Te ruego que se cumpla lo que tanto ansío:
Que al mirar tu rostro cara a cara,
Sea yo feliz viendo tu gloria.”
Tristemente muchos jóvenes se encantan con pensadores nefastos o de corto alcance; lo que pasa es que no han probado la miel de la verdadera sabiduría, ni han contemplado el ejemplo ni el portento de virtud que irradia del Doctor Angélico.
Así como en muchas casas no se ha enseñado a los jóvenes a saborear una sinfonía de Mozart, tampoco se les ha enseñado a gozar con la luz que irradia tan solo un artículo de la Suma Teológica.
Expresa el padre Julio Meinvielle que la historia está sujeta a los santos y por los santos a Cristo, la más grande es nuestra Madre del Cielo, la Santísima Virgen María y entre los maestros, el más grande es Santo Tomás de Aquino, luz de la juventud, protector fuerte y agudo de las escuelas y los estudiantes, sostén de los seminarios y las órdenes religiosas, parámetro ineludible de Pontífices, Obispos, Sacerdotes, Gobernantes y Jueces, fortaleza y deleite de todo aquel que no se conforma con quedarse viendo sombras en una caverna de Platón, sino que busca salir a la luz del sol y adaptar sus pupilas de la mejor manera.
Cristo es ante todo maestro de verdad, porque es la Verdad misma; Tomás, su mejor imitador en ese aspecto, quiere conocer a cada joven, volverse su maestro y amigo cercano y misericordioso, que te permite participar de su agilidad, precisión y profundidad de pensamiento.
El contacto con el Santo Doctor hace sentir una alegría profunda, porque te enseña a pensar, estudiar y contemplar sin vana curiosidad y desorden; Santo Tomás es el más santo de los sabios y el más sabio de los santos; es el maestro común que no solo da el pescado, sino sobre todo la caña, enseña a pensar con rectitud y es tu aliado inseparable en la defensa de la fe, que se enmarca en una crisis de dimensiones insospechadas.
La crisis que enfrentamos no es meramente cultural, es una guerra espiritual en cuyo centro está la defensa de la verdad, con todas las consecuencias que ello implica; se introducen errores antiguos bajo apariencia de novedad donde se niega que la razón pueda conocer el ser, la ley natural es abolida por el deseo y el principio de no contradicción ha quedado en el olvido teórico y práctico.
Como advirtió el padre Leonardo Castellani, la lucha intelectual de nuestra época se concentra en una oposición decisiva: o se parte del ser, como enseña Santo Tomás, o se parte del devenir, como en el pensamiento moderno de raíz hegeliana, así lo expresa:
“Santo Tomás es sumamente actual, e irá siéndolo más y más in dies. La razón es que intelectualmente no existirán más que Hegel y Tomás de Aquino trabados en lucha a muerte”… “las numerosas “escuelas” de filósofos actuales, si no están todas (excepto las tomistas) tocadas de una manera u otra por Hegel: desde los neohegelianos puros, que son legión, hasta los ateos, marxistas, materialistas, fenomenólogos, nietzcheanos… Eso irá en aumento hasta que no queden en finiquito más que la religión en su forma más pura y el hegelismo también puro, es decir, panteísta y ateo, con sus derivados, naturalismo y modernismo”
De la crisis derivan consecuencias visibles, se pueden mencionar algunas de manera no limitativa: la fe reducida a sentimiento privado, la mayoría convertida en criterio de verdad, la vida pública separada de Dios, las verdades naturales y espirituales negadas y relativizadas, los dogmas vaciados de contenido, el orden social invertido y desconocido, las personas convertidas en grandes masas manipuladas por prejuicios historicistas y ateos, las personas de buena voluntad perseguidas. El modernismo avanza cuando la inteligencia pierde su fundamento.
Frente a este desorden, la Iglesia ha señalado con claridad el remedio. Con el tono firme y esperanzado de la encíclica Aeterni Patris, se exhorta a alimentar a la juventud con la doctrina del Doctor Angélico. En tiempos tempestuosos, su pensamiento robustece la inteligencia, muestra la armonía entre fe y razón, afirma el origen divino de la autoridad y restituye la verdadera libertad.
“…Nada nos es más grato ni más apetecible que el que todos suministréis copiosa y abundantemente a la estudiosa juventud los ríos purísimos de sabiduría que manan de la continua y riquísima vena del Angélico Doctor. (…)
La misma sociedad civil y la doméstica, que se halla en el grave peligro que todos sabemos, a causa de la peste dominante de las perversas opiniones, viviría ciertamente más tranquila y más segura, si en las Academias y en las escuelas se enseñase doctrina más sana y más conforme con el magisterio de la Iglesia, tal como la contienen los volúmenes de Tomás de Aquino. Todo lo relativo a la genuina noción de libertad, que hoy degenera en licencia, al origen divino de toda autoridad, a las leyes y a su fuerza, al paternal y equitativo imperio de los Príncipes supremos, a la obediencia a las potestades superiores, a la mutua caridad entre todos; todo lo que de estas cosas y otras del mismo tenor es enseñado por Tomás, tiene una robustez grandísima e invencible para echar por tierra los principios del nuevo derecho, que, como todos saben, son peligrosos para el tranquilo orden de las cosas y para el público bienestar. Finalmente, todas las ciencias humanas deben esperar aumento y prometerse grande auxilio de esta restauración de las ciencias filosóficas por Nos propuesta. Porque todas las buenas artes acostumbraron tomar de la filosofía, como de la ciencia reguladora, la sana enseñanza y el recto modo, y de aquella, como de común fuente de vida, sacar energía.”
Por eso León XIII exhortó con firmeza a que la juventud bebiera abundantemente de la doctrina del Doctor Angélico, para robustecer la fe en tiempos tempestuosos y defenderla con razones sólidas, mostrando su armonía con la recta razón. Y los Pontífices posteriores confirmaron esta enseñanza, declarando a Santo Tomás guía seguro de los estudios sagrados y maestro común, cuyo pensamiento fortalece la verdadera noción de libertad, autoridad y ley, y preserva a la Iglesia y a la sociedad de los errores modernos.
Desde el primer artículo de la Suma Teológica, Santo Tomás enseña que para la salvación humana no basta la sola filosofía. Muestra que, además de las materias filosóficas cuyo campo analiza la razón humana, era necesario que existiera una doctrina cuyo principio fuese lo divino. Dios, primer principio y motor inmóvil, causa primera, ser necesario, perfectísimo, ordenador sapientísimo y fin último del hombre y del universo, excede la razón natural; pero no la anula, sino que su gracia la eleva y perfecciona mediante el conocimiento de las verdades reveladas y la vida sacramental. Por ello, para la salvación del hombre, fue necesaria la Revelación divina, transmitida por la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, y custodiada e interpretada fielmente por el Magisterio infalible de la Iglesia.
En Santo Tomás la sabiduría se une a la virtud en orden al bien común que es el reinado de Cristo, comienza en la inteligencia, fortalece la voluntad y se consolida en el corazón que imita a Cristo. Sin verdad no hay libertad; sin reinado de Cristo no hay restauración social.
Acercarse a Santo Tomás es prepararse para que Cristo reine: en la propia vida, en la familia y en todos los órdenes sociales. Es sanar la inteligencia para que el corazón pueda seguir al Rey con firmeza.
Invitación práctica a la juventud.
- Hagan de Santo Tomás su maestro y amigo, aprendiendo de su pureza, su valentía y su amor a la verdad.
- Frecuenten el Santísimo Sacramento, alimentando su mente con la verdad y su alma con la Eucaristía.
- Entren en su escuela con método y humildad, para fortalecer su inteligencia frente al error.
- Vivan para que Cristo reine, dejando que la verdad conocida transforme su vida y su entorno.
- Formen familias cristianas, prueben su vocación religiosa, eleven su pensamiento a los primeros principios y cumplan con su deber de estado.
- Amen la sana filosofía y la teología, estudien con constancia y cultiven la vida interior, leyendo con profundidad a los grandes autores cristianos, formándose en la tradición aristotélico-tomista y alimentando el estudio con oración y silencio, con sujeción a la Sagrada Tradición y al Magisterio de la Santa Iglesia Católica, para que la verdad ilumine su inteligencia y fortalezca su corazón.
Conclusión
Este año se cumplen cien años del inicio de la Guerra Cristera en México, epopeya de fe en la que tantos jóvenes defendieron el reinado social de Cristo hasta el martirio. No es casual recordar que Santo Tomás de Aquino fue maestro, modelo y amigo intelectual de Anacleto González Flores, referente intelectual de aquel movimiento y mártir ejemplar. Sin saberlo muchos cristeros, su firmeza doctrinal y su valentía sobrenatural se apoyaban en la claridad tomista, así el más santo de los sabios y más sabio de los santos -como es conocido Santo Tomás-, fue un amigo discreto que, desde la solidez del ser y la verdad, sostuvo aquella gesta y ahora nos llama a repetir la historia. Allí se muestra que el pensamiento recto no es adorno académico, sino fundamento vivo de las grandes victorias de la fe.
Bibliografía
CASTELLANI, Leonardo, “Actualidad de Tomás de Aquino”, disponible en:
https://tomasdeaquino.org/actualidad-de-tomas-de-aquino-p-leonardo-castellani/ (consulta: 5 de marzo de 2026).
JUAN XXII, Bulla Mirabilis Deus, 1323.
LEÓN XIII, Aeterni Patris. Sobre la restauración de la filosofía cristiana según la doctrina de Santo Tomás de Aquino, Ciudad del Vaticano, 1879, disponible en:
https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_04081879_aeterni-patris.html (consulta: 5 de marzo de 2026).
MEINVIELLE, Julio, El comunismo en la revolución anticristiana, Buenos Aires, Ediciones Theoria, 1964.
AQUINO, Tomás de, Suma Teológica, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, varias ediciones.
AQUINO, Tomás de, Himnos eucarísticos: Pange lingua, Tantum ergo, Adoro te devote, diversas ediciones litúrgicas.
viernes, 6 de marzo de 2026
EL PARÁSITO DEL SER
La privación del bien debido en la cultura contemporánea
Por Óscar Méndez Oceguera
I. La naturaleza del mal
Uno de los errores más característicos de la mentalidad contemporánea consiste en no saber ya qué sea el mal. No porque ignore sus efectos, que los padece diariamente, sino porque ha perdido la inteligencia de su naturaleza. Lo describe, lo administra, lo psicologiza, lo estetiza, a veces incluso lo celebra; pero rara vez lo piensa. Y no puede pensarlo porque, en el fondo, ha dejado de pensar el ser.
La tradición clásica, llevada a formulación rigurosa por Santo Tomás, ofrece aquí una precisión decisiva: el mal no es una sustancia, no es un principio creador, no es una positividad rival del bien. El mal es privación del bien debido. La fórmula, tan sobria en su expresión, es inmensa en sus consecuencias. Significa que el mal aparece allí donde falta un bien que debería estar presente según la naturaleza de una cosa.
La ceguera no es mala porque exista el ojo, sino porque al ojo le falta la visión. La mentira no es mala porque exista el lenguaje, sino porque al lenguaje le falta la verdad. La injusticia no es mala porque exista la voluntad, sino porque a la voluntad le falta la rectitud que la ordena al bien.
El mal, por tanto, no crea. Deforma. No funda. Corroe. No produce ser. Lo disminuye. Ésta es su primera indigencia metafísica. Incluso para herir depende de aquello que hiere. Necesita una naturaleza a la que mutilar, una potencia a la que desviar, una forma a la que vaciar. No puede sostenerse por sí mismo. Vive siempre de un bien previo.
Aquí se halla una clave de extraordinaria importancia para comprender el tiempo presente. Una civilización puede acostumbrarse a combatir males visibles y, al mismo tiempo, dejar de advertir las privaciones que la vacían desde dentro. Entonces conserva muchas palabras y pocos contenidos; muchas formas y poca sustancia; mucho movimiento y poca dirección. Lo trágico no es sólo que haga el mal, sino que haya dejado de percibir qué bienes le faltan.
II. El parásito del ser
Precisamente porque el mal no tiene consistencia propia, su modo de obrar se parece al de un parásito. No produce la vida que necesita; se adhiere a ella. No inventa el organismo; lo invade. No crea un orden; explota uno previo.
Así ocurre también en el plano moral y espiritual. El mal necesita de la inteligencia para producir error, de la libertad para producir desorden, del amor para producir corrupción, de la belleza para degradarla en seducción estéril, de lo sagrado para profanarlo. No inventa la verdad: la tuerce. No inventa la libertad: la vacía. No inventa el amor: lo desordena. No inventa la grandeza: la caricaturiza.
De ahí su peculiar eficacia. Si el mal se presentara siempre con el rostro descubierto, encontraría resistencia inmediata. Pero como vive del bien que parasita, puede revestirse de alguna apariencia de bien. Puede parecer profundidad siendo oscuridad. Puede parecer autenticidad siendo dispersión. Puede parecer liberación siendo desfondamiento del alma. Puede parecer intensidad siendo pura saturación.
Esto explica por qué el mal contemporáneo resulta con frecuencia menos escandaloso y más penetrante que el de otras épocas. No exige siempre una adhesión explícita al desorden. Le basta con hacerse respirable. Le basta con instalarse en el lenguaje, en la sensibilidad, en los hábitos, en la atmósfera. Y cuando el alma vive demasiado tiempo en una atmósfera viciada, termina por llamar aire a lo que la asfixia.
III. La lógica de la tentación
La doctrina cristiana sobre el demonio se vuelve aquí plenamente inteligible. El demonio no es un principio opuesto a Dios en un plano de simetría metafísica. No crea. No da el ser. No funda naturaleza. Su acción consiste en introducir privaciones dentro de un orden ya dado, en sugerir bienes aparentes, en arrancar fragmentos de verdad de su totalidad, en separar potencias de su fin.
La tentación, por eso, no suele presentarse como invitación directa al mal en cuanto mal. Se presenta como propuesta de un bien desgajado de su orden. Ofrece libertad sin verdad, deseo sin forma, identidad sin naturaleza, afirmación sin responsabilidad, intensidad sin destino. Conserva algo real, pero privado de aquello que lo hacía bueno plenamente.
Ésta es la razón de su fuerza y, al mismo tiempo, la prueba de su pobreza. El mal no persuade creando mundos; persuade mutilando fines. No necesita abolir de golpe el bien; le basta con disminuirlo. No necesita destruir enseguida la conciencia; le basta con fatigarla. No necesita extinguir el deseo de infinito; le basta con entregarle sucedáneos.
La tentación individual es grave. Pero todavía es más grave cuando esta lógica deja de operar sólo en la intimidad del alma y se convierte en principio difuso de una cultura. Entonces el hombre no sólo peca: aprende a desear mal. No sólo se extravía: es educado para perder el sentido del camino.
IV. Cuando la privación se vuelve cultura
Las sociedades no se corrompen únicamente por la suma de actos desordenados. Se corrompen más profundamente cuando la privación del bien debido se estabiliza como normalidad compartida. Entonces el mal deja de ser sólo una caída personal y se convierte en forma cultural.
La nuestra posee este rasgo con particular intensidad. Es una cultura que ha aprendido a conservar las cáscaras y a vaciar las sustancias. Conserva palabras nobles —libertad, amor, dignidad, identidad, expresión—, pero desprendidas del orden que les daba inteligibilidad. Conserva el espectáculo, pero pierde el rito. Conserva la conexión, pero pierde la comunión. Conserva la emoción, pero pierde el juicio. Conserva el deseo de grandeza, pero lo rebaja a performance.
Éste es uno de los signos más serios de decadencia: no la desaparición absoluta de los bienes, sino su adelgazamiento. La civilización sigue hablando el lenguaje del bien, pero cada vez participa menos de su realidad. Y así se produce una inversión silenciosa. Lo que debía orientar queda reducido a accesorio; lo que debía ser medio ocupa el lugar del fin; lo que debía elevar termina rebajando.
La juventud padece este desorden con una particular intensidad, precisamente porque sus aspiraciones son todavía grandes. El joven está hecho para desear lo entero: verdad, belleza, heroísmo, pertenencia, sentido, misterio. La tragedia no es que haya dejado de buscar estas cosas, sino que se le ofrecen sucedáneos cuidadosamente fabricados. No se suprime su hambre de absoluto: se la alimenta con oscuridad espectacular. No se suprime su deseo de rito: se le ofrece liturgia invertida. No se suprime su necesidad de pertenencia: se la satisface con identidad de masa. No se suprime su sed de belleza: se la extravía en estética de la herida.
V. La banalización de lo infernal
En este punto aparece uno de los síntomas más reveladores del mal contemporáneo: la banalización de lo infernal. No se trata de exagerar ni de ver en toda sombra un signo diabólico. Esa precipitación sentimental no piensa. Pero sería igualmente ciego no advertir que, en amplias zonas de la música, de la iconografía visual, de la moda, del entretenimiento y de las redes, lo oscuro, lo blasfemo, lo invertido y lo infernal han dejado de percibirse como realidades gravemente desordenadas para convertirse en elementos decorativos, identitarios o estéticos.
Ésa es una mutación cultural de gran profundidad. Lo satánico ya no escandaliza; ambienta. Lo sacrílego ya no hiere; estiliza. Lo blasfemo ya no interrumpe; entretiene. Y precisamente por eso su eficacia es mayor. La conciencia moral no suele morir de un solo golpe. Muere por acostumbramiento. Primero algo parece chocante; luego parece audaz; después parece divertido; finalmente parece normal.
No hace falta que una generación formule conscientemente una metafísica del mal para vivir ya dentro de sus pedagogías. Basta con que aprenda a no distinguir. Basta con que lo infernal pueda habitar el paisaje sin despertar rechazo. Basta con que la inversión se vuelva consumo. Entonces el reflejo espiritual se debilita. Y un alma que ya no sabe estremecerse ante la profanación acaba siendo incapaz de adorar.
VI. La anestesia digital
El proceso se agrava por una mediación técnica singularmente poderosa: la digitalización algorítmica de la vida cotidiana. No porque la técnica sea mala en sí, sino porque gran parte de su configuración contemporánea responde a una lógica ajena al bien del alma. El algoritmo no contempla, no ama, no juzga, no ordena hacia fines altos. Retiene. Excita. Repite. Adapta. Captura.
Su ley no es la perfección del sujeto, sino su permanencia dentro del circuito. Y por eso se convierte en vehículo privilegiado de privaciones sutiles y continuas. Priva a la atención de estabilidad, a la memoria de continuidad, al alma de silencio, al juicio de lentitud, a la mirada de jerarquía. Todo aparece al mismo nivel: lo noble y lo trivial, lo puro y lo obsceno, lo sagrado y lo grotesco. En semejante régimen de equivalencias, la sensibilidad termina embotándose.
La anestesia digital no destruye primero la conciencia; la dispersa. No niega frontalmente el bien; lo vuelve difícil de gustar. No extingue del todo la interioridad; la fatiga. Y así una vida saturada de estímulos puede ser, al mismo tiempo, una vida empobrecida de presencia. El hombre permanece conectado a todo y ausente de sí mismo. Pero un alma sin silencio se vuelve incapaz de contemplación, y una cultura sin contemplación termina por no saber adorar.
VII. La belleza como resplandor del orden
En este contexto la belleza ocupa un lugar decisivo. Pero es necesario rescatarla del subjetivismo sentimental con el que la modernidad la ha confundido. Lo bello no es simplemente “lo que me gusta”. No es refugio romántico ni alivio emotivo. En la tradición clásica, lo bello es objetivo. Es una propiedad del ser cuando el ser resplandece en integridad, proporción y claridad.
La belleza verdadera no halaga el capricho; educa la mirada. No adormece el alma; la despierta. No la deja encerrada en la sensación; la orienta hacia una plenitud más alta. Por eso puede ser una vía privilegiada de restauración. Frente al glamour de lo oscuro, no basta con oponer una estética más amable. Es necesario reabrir el acceso a la belleza verdadera, aquella en la que el ser aparece sin deformación, sin cinismo, sin prostitución.
La juventud, incluso la más expuesta a simulacros degradados, conserva todavía la posibilidad de estremecerse ante esa belleza. Una liturgia celebrada con reverencia, una obra de arte no envilecida, una música que no rebaja, una amistad limpia, una palabra noble dicha sin ironía, pueden obrar más profundamente que muchas admoniciones. La belleza no reemplaza a la verdad. La hace respirable. No sustituye a la gracia. Puede, sin embargo, disponer el alma para desearla.
VIII. La voluntad, la virtud y la ascesis
Con todo, la claridad del diagnóstico y la experiencia de la belleza no bastan por sí solas. El clima del mal se combate también con una formación de la voluntad. Si la privación se vuelve hábito, el bien debe reconstruirse igualmente por hábito. Aquí reaparece la doctrina clásica de las virtudes.
La virtud no es un entusiasmo momentáneo ni una simple opinión recta. Es una disposición estable del alma para obrar bien. Es, en cierto modo, la arquitectura interior que dificulta la instalación del parásito. Donde hay prudencia, el juicio no cede tan fácilmente al brillo inmediato. Donde hay templanza, el deseo no se vuelve presa de toda excitación. Donde hay fortaleza, el ambiente no derrota con tanta rapidez. Donde hay justicia, la voluntad no se absolutiza a sí misma.
De ahí la necesidad de una verdadera ascesis. Custodia de los sentidos, orden del tiempo, disciplina de pantallas, reaprendizaje del silencio, selección de músicas e imágenes, recuperación de lectura lenta, vida litúrgica, examen interior, sacrificio, pureza. Nada de esto es moralismo estrecho. Es higiene del ser. El mal se filtra gota a gota; la restauración también se construye acto a acto, hábito a hábito, fidelidad a fidelidad.
IX. El aburrimiento metafísico del mal
El mal posee, además, una pobreza que termina delatándolo: produce aburrimiento metafísico. No porque carezca de estímulos —de hecho, suele multiplicarlos febrilmente—, sino porque carece de densidad de ser. Puede excitar, pero no colmar. Puede impresionar, pero no alimentar. Puede dar vértigo, pero no alegría. Puede saturar, pero no plenificar.
Por eso una cultura basada en privaciones del bien acaba siendo, en el fondo, una cultura cansada. Tiene movimiento sin dirección, intensidad sin altura, espectáculo sin presencia. Y el alma, aun confundida, termina notándolo. Siente una fatiga secreta, una tristeza sin argumento, una sensación de haber tocado muchas cosas sin haber alcanzado ninguna.
Ese cansancio, sin embargo, puede convertirse en punto de partida. Cuando lo oscuro deja de parecer profundo y empieza a revelar su esterilidad; cuando la transgresión se vuelve fórmula; cuando el simulacro ya no logra ocultar el vacío; entonces el alma comienza a recordar, a veces oscuramente, que fue hecha para algo más alto. El tedio del mal puede transformarse así en nostalgia de plenitud.
X. El orden, el Logos y la fuente del ser
Pero la nostalgia no basta. Es preciso nombrar el término verdadero de la restauración. El orden no es una convención ni una simple técnica de administración social. Es la recta disposición de las cosas según su verdad, su naturaleza y su fin. Hay orden cuando la inteligencia se inclina a la verdad, la voluntad al bien, el deseo a su forma, la ley a la justicia, la autoridad al servicio del bien común.
Sin embargo, este orden no es impersonal. No es una cuadrícula abstracta. Procede del Logos. Las cosas son inteligibles porque no brotan del absurdo. La naturaleza humana tiene estructura porque ha sido pensada. El bien común no es una negociación de apetitos, sino una participación social en una verdad previa.
Por eso la crisis del orden social es, en su raíz, una crisis metafísica. Una sociedad que rompe con el Logos puede conservar por un tiempo ciertas inercias saludables; pero, separada de su principio, termina por vaciarse. El derecho se desvincula de la justicia, la política del bien común, la libertad de la verdad, la cultura de la belleza y la comunidad de su fin.
XI. La gracia y la plenitud
Pero tampoco el orden natural basta por sí solo para restaurar plenamente al hombre herido. Aquí se revela la necesidad de la gracia. La naturaleza puede conocer el bien y desearlo. Puede incluso reconstruir parcialmente ciertas formas de orden mediante la virtud. Pero la perfección última del hombre excede sus fuerzas. El hombre no fue creado sólo para un equilibrio natural, sino para participar de la vida divina.
La metafísica tomista alcanza aquí una extraordinaria luminosidad. Dios no es simplemente el ente supremo entre otros entes. Es el Ipsum Esse Subsistens, el Ser mismo subsistente. Todo lo creado participa del ser; sólo Dios es el Ser por esencia. Por eso toda verdadera restauración exige, en último término, una reconducción a la fuente del ser. Si el mal es privación, la respuesta última sólo puede venir de la plenitud.
Y esa plenitud no se comunica sólo por doctrina o disciplina. Se comunica por gracia. La gracia sana, fortalece, eleva, reintegra. Allí donde el mal vacía, la gracia llena. Allí donde dispersa, unifica. Allí donde mutila, restituye. No se añade externamente como ornamento piadoso. Es participación real, creada, en la vida misma de Dios.
XII. Cristo Rey
Aquí todo converge. El Logos por quien todo fue hecho ha entrado en la historia. La plenitud del Ser se ha hecho visible. La verdad, el bien, la belleza y el orden no permanecen ya sólo como nociones metafísicas: tienen rostro. Por eso la restauración del orden posee finalmente un nombre propio. Cristo.
Y precisamente porque Cristo no es sólo Maestro, sino Señor; no sólo Redentor de almas aisladas, sino Rey; no sólo fuente de gracia privada, sino principio de todo orden verdadero, puede decirse con plena exactitud que no habrá paz en el orden si el orden no está fundado en Él.
No habrá verdadera reconstrucción de la cultura mientras Cristo quede reducido a ornamento privado o recuerdo sentimental. No habrá salud estable para las costumbres, las instituciones y la juventud mientras la soberanía del bien sea sustituida por la negociación indefinida con el simulacro. Puede haber arreglos, técnicas, campañas, pedagogías, contenciones. Pero no habrá paz verdadera. Porque la paz no es mera ausencia de conflicto; es tranquilidad del orden. Y no puede haber tranquilidad del orden donde el Rey legítimo ha sido expulsado.
Decir Cristo Rey no es, pues, un adorno devocional. Es una afirmación metafísica, moral, espiritual y civilizatoria. Significa que la inteligencia sólo descansa plenamente en la Verdad encarnada, que la libertad sólo se cumple en el Bien supremo, que la belleza sólo alcanza su sentido más alto en la gloria de Dios, que la autoridad sólo es justa cuando sirve al orden querido por Él, y que la sociedad sólo florece cuando reconoce un principio superior a sí misma.
Los jóvenes no necesitan una versión suavizada del orden. Necesitan el orden verdadero. Necesitan descubrir que la pureza ensancha, que la disciplina libera, que la liturgia eleva, que la verdad orienta, que la belleza cura, que la gracia vivifica y que la cruz no destruye la alegría, sino que la salva de la corrupción.
El mal seguirá intentando vestirse de normalidad. Seguirá usando bienes ajenos para vaciarlos. Seguirá banalizando lo infernal y administrando el vacío. Pero no tiene la última palabra. No la tiene metafísicamente, porque depende del bien que hiere. No la tiene moralmente, porque la conciencia puede despertar. No la tiene históricamente, porque ninguna civilización basada en privaciones puede alimentar indefinidamente el hambre del alma. Y no la tiene sobrenaturalmente, porque la plenitud ha entrado ya en la historia.
La verdadera salida no consiste en habituarse mejor a las ruinas, sino en restaurar el altar. No en administrar el vacío, sino en volver a la presencia. No en refinar la decadencia, sino en reinstaurar el principio del orden.
Y ese principio tiene nombre:
Cristo Rey.
jueves, 5 de marzo de 2026
LIBERALISMO
El liberalismo Se vale principalmente de los medios siguientes:
1º Procura que los pueblos y sus gobiernos excluyan a Dios de la constitución y de sus leyes, alegando que la religión nada tiene que ver con la política.
2º Enseña que cada uno puede creer, hablar y escribir lo que quiere, sea verdad o mentira, bueno o malo.
3º No consiente que en las escuelas públicas se enseñe la religión a los niños.
4º Quiere excluir a Dios de las familias, haciendo que los esposos no se unan con el sacramento del matrimonio, sino que vivan en mal estado o concubinato ("matrimonio" civil sin verdadero matrimonio ante Dios).
Fieles imitadores del padre de la mentira, los liberales emplean constantemente el engaño siguiente: Cuentan y exageran los males que la humanidad ha sufrido hasta los tiempos presentes; en seguida atribuyen maliciosamente estos males a la Iglesia y a la religión, y finalmente prometen que con los principios de su mentida libertad todo cambiará, todo ha de ser progreso y felicidad.
Ilmo. Sr. Dr. Pedro Schumacher Obispo de Portoviejo, Ecuador.
miércoles, 4 de marzo de 2026
OFRECIMIENTO
“He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres… Contempladlo, hijos míos, saciado de oprobios, en esta Hostia en que Él palpita, entre incendios de caridad, por vosotros… ¡sólo por vosotros! Y no pudiendo soportar por más tiempo los ardores que lo consumen, he querido entregarlo al mismo mundo que lo tiene atravesado con el dardo de la ingratitud del dolor… Éste es el supremo y último recurso de mi redención…
Aquí tenéis mi Corazón: os lo doy, os lo entrego sin reservas, en cambio del vuestro pecador e ingrato… ¡Oh, tengo sed, inmensa sed de ser amado, en este Sacramento del Altar… En él he sido hasta ahora el Rey del silencio, el Monarca del olvido… Pero ha llegado la hora de mis triunfos… Vengo a reconquistar la tierra… Sí, he de subyugarla, mal que pese al infierno, y la salvaré por la omnipotencia de mi Corazón. Aceptádmelo, os lo ruego… tendedme las manos y el alma para recibir este supremo don de mi misericordia redentora… Fuego vengo a traer a la tierra, fuego de vida, de amor sin límites, fuego de santidad, fuego de sacrificio, y ¿qué he de querer sino que arda?…
Poned los ojos en mi pecho herido… ahí tenéis el Corazón que os ha amado hasta los abatimientos de Belén… y más; hasta las humillaciones y oscuridades de Nazaret… mucho más aún; hasta las agonías afrentosas del Calvario… Es éste el mismo Corazón que dejó de latir en el Gólgota, sí, el mismo, que sigue amando en la hoguera inextinguible del altar… de la santa Eucaristía.
¡Y vosotros no me amáis!".
Meditación tomada de la HORA SANTA. Compuesta por el Padre Mateo Crawley-Boevey (1875-1960).
martes, 3 de marzo de 2026
DEVOCIÓN DE LOS TREINTA DÍAS A SAN JOSÉ
La devoción al Patriarca San José está muy sobre las devociones a los Ángeles y Santos y entra en un orden superior, en el orden de la Trinidad de la tierra, como mediadora ante la Trinidad del Cielo.
Una de las devociones más expresivas de la veneración y confianza del pueblo cristiano en el poder y bondad de San José, es la llamada de los Treinta Días en reverencia de los treinta años que vivió en la tierra en compañía de Jesús y la Virgen María.
Basta la lectura de la Oración para tenerla como muy cristiana y teológica, y como muy recomendable y eficaz para conmover ese poder y bondad del Santo Patriarca, y para alcanzar por su medio las gracias espirituales o temporales, las más difíciles y extraordinarias. Las razones de esta afirmación son las siguientes: a) La materia doctrinal de esa Oración es la más teológica y completa b) El fin general de ella, el más devoto y grato al Santo: honrar la memoria de los treinta años que vivió con Jesús y María en la tierra c) Los títulos que se invocan, poderosísimos para mover el corazón del Santo d) La forma ferviente en que está escrita, da fe vivísima, de ternura sensible y de urgente e irresistible instancia e) Es el alma toda la que en todas sus frases pide y suplica, gime y llora, conmueve y triunfa de las resistencias del mismo Dios f) Y si a todo esto se añade la insistencia y perseverancia durante treinta días en tan larga y vehemente súplica del alma, no será temerario afirmar según el dogma católico que es una oración teológica y cristiana, eficaz e irresistible. g) No hay en ella nada de superstición o revelación o infalibilidad o algo imposible o impropio. Por lo contrario, lo que se pide y se confía conseguir es sencillamente algo muy conveniente y necesario, aunque difícil y extraordinario; pero nada de milagros infalibles, y a plazos fijos, y por modos y prácticas supersticiosas.
Todo está fundado en el dogma católico de la oración e intercesión de los Santos, y en la creencia y confianza del cristiano en el poder y bondad del Santo Patriarca. Es una Novena, pero de treinta días, muy a propósito para promover la devoción al Santo y la confianza en Él. La práctica de esta devoción ha de ser muy sencilla. Récese la oración treinta días consecutivos; y será más eficaz rezarla ante la imagen o altar del Santo; pero cuando eso no sea posible, puede rezarse en la casa particular. Se recomienda mucho la comunión, al menos los miércoles de esos treinta días. Finalmente se ruega la comunicación de las gracias obtenidas para su publicación en la Revista “San José”.
DEVOCIÓN DE LOS TREINTA DÍAS A SAN JOSÉ
Para obtener alguna gracia extraordinaria
¡Oh amabilísimo Patriarca San José! Desde el abismo de mi pequeñez y miseria os contemplo con emoción y alegría de mi alma en vuestro trono del cielo, como gloria y gozo de los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, consolador de los tristes, amparador de los desvalidos, auxiliador de los Angeles y Santos ante el trono de Dios, de vuestro Jesús y de vuestra santa Esposa.
Por eso yo pobre, desvalido, triste y necesitado. a Vos dirijo hoy y siempre mis lágrimas y penas, mis ruegos y clamores del alma, mis arrepentimientos y mis esperanzas: y hoy especialmente os traigo ante vuestro altar y vuestra imagen una pena que consoléis, un mal que remediéis, una desgracia que impidáis, una necesidad que socorráis, una gracia que obtengáis para mí y para mis seres queridos.
Y para conmoveros y obligaros a oírme y conseguírmelo, os lo pediré y demandaré durante treinta días continuos, en reverencia a los treinta años, que vivisteis en la tierra con Jesús y María: y os lo pediré, urgente, y confiadamente, invocando todos los títulos que tenéis para compadeceros de mí, y todos los motivos que tengo para esperar que no dilataréis el oír mi petición, y remediar mi necesidad; siendo tan cierta mi fe en vuestra bondad y poder, que al sentirla os sentiréis también obligado a obtener y darme más aún de lo que os pido y deseo.
1) Os lo pido por la bondad divina que obligó al Verbo Eterno a encarnarse y nacer en la pobre naturaleza humana, como Hijo de Dios, Dios Hombre y Dios del hombre.
2) Os lo suplico por vuestra ansiedad inmensa al sentiros obligado a abandonar a vuestra santa Esposa.
3) Os lo ruego por vuestra resignación dolorosísima para buscar un establo y un pesebre para palacio y cuna de Dios nacido entre los hombres.
4) Os imploro por la dolorosa y humillante Circuncisión de vuestro Jesús, y por el santo, glorioso y dulcísimo nombre que le impusisteis por orden del Eterno.
5) Os lo demando por vuestro sobresalto al oír del Angel la muerte decretada contra vuestro Hijo Dios, por vuestra obedientísima huida a Egipto, por las penalidades y peligros del camino, por la pobreza extrema del destierro y por vuestras ansiedades ai volver de Egipto a Nazaret.
6) Os lo pido por vuestra aflicción dolorosísima de tres días, al perder a Vuestro Hijo, y por vuestra consolación suavísima al encontrarle en el templo, y por vuestra felicidad inefable de los treinta años que tuvisteis en Nazaret con Jesús y María sujetos a vuestra autoridad y providencia.
7) Os io ruego y espero por el heroico sacrificio, con que ofrecisteis la víctima de vuestro Jesús al Dios Eterno para la cruz y para la muerte por nuestros pecados y nuestra redención.
8) Os lo demando por la dolorosa previsión que os hacía todos los días contemplar aquellas manos infantiles, taladradas después en la cruz por agudos clavos; aquella cabeza que se reclinaba dulcisimamente sobre vuestro pecho, coronada de espinas; aquel cuerpo divino que estrechabais contra vuestro corazón, desnudo, ensangrentado y extendido sobre los brazos de la Cruz, aquel último momento en que le veíais expirar y morir.
9) Os lo pido por vuestro dulcísimo tránsito de esta vida en los brazos de Jesús y María y vuestra entrada en el Limbo de los Justos y al fin en el cielo.
10) Os lo suplico por vuestro gozo y vuestra gloria, cuando contemplasteis la Resurrección de vuestro Jesús, su subida y entrada en los cielos y su trono de Rey inmortal de los Siglos.
11) Os lo demando por vuestra dicha inefable cuando visteis salir del sepulcro a vuestra santísima esposa resucitada, y ser subida a los cielos por los Angeles y coronada por el Eterno, y entronizada en un solio junto al vuestro.
12) Os lo pido y ruego y espero confiadmente por vuestros trabajos, penalidades y sacrificios en la tierra, y por vuestros triunfos y glorias y feliz bienaventuranza en el cielo con vuestro Hijo Jesús y vuestra esposa Santa María.
¡Oh mi buen Patriarca San José! Yo, inspirado en las enseñanzas de la Iglesia Santa y de sus Doctores y Teólogos, y en el sentido universal del pueblo cristiano, siento en mí una fuerza misteriosa, que me alienta y obliga a pediros y suplicaros y esperar me obtengáis de Dios la grande y extraordinaria gracia que voy a poner ante vuestra imagen y ante vuestro trono de bondad y poder en el cielo.
Aquí, levantando el corazón a lo alto, se le pedirá al Santo, con amorosa instancia la gracia que se desea.
Obtenedme también para los míos y los que me han pedido ruegue por ellos, todo cuanto desean y le es conveniente. San José rogad por nosotros: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
ORACIÓN: Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como intercesor en los cielos. Oh Dios, que vives y reinas en los siglos de los siglos. Amén. (Con licencia Eclesiástica)
ORACIÓN A SAN JOSÉ
A vos recurrimos en nuestra tribulación, bienaventurado José; y después de haber implorado el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro Patrocinio. Por el afecto que os unió a la Virgen Inmaculada, Madre de Dios; por el amor paternal que profesasteis al Niño-Jesús, os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que Jesucristo conquistó con su Sangre, y que nos socorráis con vuestro poder en nuestras necesidades. Proteged, prudentísimo Custodio de la Divina Familia, el linaje escogido de Jesucristo; preservadnos Padre amantísimo, de todo contagio de error y corrupción, sednos propicio y asistidnos desde el Cielo, poderosísimo Protector nuestro, en el combate que al presente libramos contra el poder de las tinieblas. Y del mismo modo que, en otra ocasión, librasteis del peligro de la muerte al Niño-Jesús, defended ahora a la Santa Iglesia de Dios, contra las asechanzas de sus enemigos y contra toda adversidad. Amparad a cada uno de nosotros con vuestro perpetuo patrocinio; a fin de que, siguiendo vuestros ejemplos, y sostenidos por vuestros auxilios, podamos vivir santamente, morir piadosamente y obtener la felicidad eterna del Cielo. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
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